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LA AMBIGÜEDAD  DE  HOLLYWOOD

 

 

 

 

 

 

 

En mi articulo hay palabras y situaciones que puedan herir vuestra sensibilidad, pero son las que el escritor Scotty Bowers emplea en su obra "'Servicio completo".

Os ruego me disculpéis.
 

Siempre me he preguntado porqué el publico quiere arañar en las vidas de los mitos y leyendas que poblaron las pantallas en la época dorada del cine…¿Tal vez por morbo?, ¿Tal vez por instinto sexual oculto y malsano?, ¿O simplemente por una insaciable alimentación sobre cine...?...Pienso que es una mezcla de todo... ¿Quién puede obligar a un escritor a no construir un crepúsculo de verdades o insinuaciones?... De todas formas, la mente es libre, extraordinariamente libre y sean cual sean las inclinaciones o gustos de cada uno, al menos en mi caso personal, esos mitos y leyendas, han vivido y vivirán siempre en mi mente... y me siento extraordinariamente feliz con poder escribir sobre ellos, sea cual sea su color.

 

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No era una estrella pero conocía como nadie las intimidades de Hollywood. Scotty Bowers, uno de los gigolós de más éxito en la fábrica de sueños, vivió en primera persona la doble sexualidad de leyendas del cine cuya imagen pública no se correspondía con su realidad entre sábanas. Powers ha esperado a llegar al final de su vida para contarlo con pelos y señales en un libro: " La secreta vida sexual de las estrellas de Hollywood". A sus 90 años, Bowers, exmarine, bisexual y protagonista de la gran crónica rosa y verde de Hollywood, tuvo una actividad frenética en los años 40, convertido en gigoló y también en celestino que conseguía a las estrellas de la gran pantalla chicos y chicas a cambio de fuertes sumas de dinero.

 

 

-" Hepburn era lesbiana y no me imaginaba a aquella mujer incuestionablemente hombruna teniendo un idilio con un hombre, con ningún hombre, así que su romance con Spencer Tracy no pasó de ser uno más de esos matrimonios profesionales que imponían en Hollywood los estudios y sus asesores de imagen, un mero arreglo y no el cuento de hadas que vendió Hollywood "-

Tracy también le daba mucho a la bebida. Y, también le daba a otros "asuntos" que compartió con Scotty.

-" Dejando de lado a Errol Flynn, rara vez he visto a alguien beber tanto alcohol como Spencer... El gran Spencer Tracy era bisexual, un hecho totalmente ocultado por el departamento de publicidad del estudio... en el caso de que lo supieran "- dijo el escritor

 

Bowers no se corta ni un pelo al hacer la lista de sus amantes bisexuales: Cary Grant, Montgomery Clift, Rock Hudson, Spencer Tracy o Walter Pidgeon. También cuenta chismes no relacionados con la colonia cinematográfica que afectan al temible amo del FBI J. Edgar Hoover, tan aficionado a travestirse.

 

 


Érase una vez y en tiempos no muy lejanos cuando los actores de la gran pantalla jugaban un rol, no sólo en sus películas sino en la vida real, de machos mujeriegos o fieles esposos, pero siempre interpretando el papel de portadores de un pene atento sólo al sexo opuesto. La vida diaria de las estrellas masculinas estaba plena de riesgos para su imagen pública, si bien era sabida la presencia abundante de los raros, como los denomina jocosamente el actor británico Ian Mckellen, declarado militante en contra de los "raros" , ésta era una verdad asumida por todos en aquella época, pero nunca comentada, hasta hace unos años. Así, en Hollywood, no se escatimaban esfuerzos y gastos por hacer convincentes ante el gran público a estrellas como James Dean, Rock Hudson, cuando los mismos se esforzaban en seducir a sus parejas cinematográficas. Ingentes fondos se destinaban a apagar pruebas de la orientación sexual de los ídolos. Años antes se habían gastado en proteger a famosos como Ramón Novarro, comprobado homosexual pero no confeso y de Rodolfo Valentino, señalado como tal pero sin poder haberse demostrado fehacientemente. Otros actores practicaban la ambigüedad, como Dick Bogarde , en Gran Bretaña o Richard Chamberlain, (inolvidable en “ El Conde de Montecristo y “El Pájaro Espino”), Chamberlain incluso se dejaba ver con supuestas conquistas femeninas, dejando espacio a la duda del neófito y sólo en la tercera edad se declaró absolutamente homosexual diciendo:

-"Y al que le importe que se lo tome como quiera "-.

Desplazado, pues lejos ya de sus mejores épocas, las consecuencias resultaban menores y el valor del gesto decaía. Triunfaba así el temor al ostracismo social y la ruina artística. La bisexualidad, entendida como la atracción hacia seres de ambos sexos rodeó siempre a muchos famosos actores de la Meca del Cine.

 

 

Ejemplos como los de Montgomery Clift, torturado por alcanzar el corazón de su gran pasión, Elizabeth Taylor y de alguna manera rendir honores a la virilidad de su entrañable amigo, Marlon Brando, eran decisivos en la mente del actor. El mismo Brando se declaraba un hétero convencido y que sólo, ante los ruegos insistentes de Dean y Clift les había permitido a ambos, en ocasiones separadas y únicas, “ utilizar mi cuerpo”. Sin embargo, un numeroso grupo de homosexuales niega la existencia de la bisexualidad y atribuye esta instancia al temor del homosexual al rechazo social y que por ende busca ocultar su condición gay haciendo ostentación de conquistas femeninas. Al mismo Dean se le publicitaron conquistas con estrellas de la época: Ursula Andress, Nathalie Wood y Pier Angeli, entre las más famosas. En esa frontera se encontraba Pier Angeli, a la que se le atribuye una gran pasión por Dean. El trágicamente desaparecido Dean habría sido el único varón capaz de encender en ella el amor hétero y su muerte la llevaría a una senda descendente con otros amores menos intensos hasta su fatal desenlace, quitándose la vida en 1971. Sal Mineo, delicado y frágil, eterno enamorado de Dean con el cual compartió cartel en “ Al Este del Paraíso” y “ Gigante ”, declararía más tarde:

-" Nunca pasó nada anormal entre los dos, yo le amaba y cuanto pudo pasar solos ambos lo sabemos "-

Sal Mineo alejado de la fama apareció muerto, acuchillado en una calle, poco después de una participación en “ El Planeta de los Simios ”. Existen pareceres discordantes sobre la existencia propiamente tal de la bisexualidad pero no debemos obviar que aun hay países y regímenes que no aceptan tan siquiera la existencia de los homosexuales. Al menos en este campo, el mundo del cine actualmente está por encima de estas categorías sexuales. Pero en aquella época Hollywood era más rentable si se mantenía underground y se celebraban fiestas con mucho alcohol y muchachas donde Errol Flynn aporreaba el piano con su miembro.

 

Hollywood siempre ha sido una inmensa orgía donde todos y todas tienen siempre las escopetas preparadas y donde nadie se acuesta con quien parece. El escritor Scotty Bowers realiza en su obra "'Servicio completo". una aproximación rebosante de fluidos y confidencias del patio trasero de Hollywood, la ciudad del oropel y del celuloide. El libro es tremendamente fuerte, Scotty Bowers, un marine veterano iniciado en el sexo homosexual por un cura de Chicago cuando el crío no era más que un pobre limpiabotas, confiesa que llegó a tener una veintena de sacerdotes prendados de su inocencia, trabajó en la gasolinera Richfield de Hollywood, un lugar que él convirtió en un auténtico zoco por el que pululaban chaperos, jóvenes prostitutas que no le hacían ascos a nada ni a nadie del mundo del espectáculo. ya que estos acudían en secreto al garito creado por el escritor, para provisionarse de hombres y mujeres y regalarse un vistazo secreto por el agujero de los baños o echar un polvo rápido en la autocaravana de la que Scotty se había provisto. Esto es, según el escritor Scotty Bowers, lo que en Hollywood se entiende como "servicio completo".

Scotty Bowers de 89 años, aún ejerce como camarero ocasional en fiestas privadas de Hollywood.

-"La gasolinera fue el portal que me dio acceso a un mundo selecto donde el sexo de gran calidad lo era todo "-

En el fondo, Bowers se presenta como un alcahuete risueño y salvador, el tipo que proporcionaba a las estrellas de Hollywood el escape normalizador a las «cláusulas de moralidad» que regían sus contratos y martirizaban su vida privada. Decir abiertamente que Cary Grant era gay y que a Katharine Hepburn le iban más los higos que los caracoles, por usar los mismos eufemismos que en aquel famoso diálogo de 'Espartaco' entre Laurence Olivier y Tony Curtis hubiera supuesto el fin automático de sus carreras. Scotty dice que nunca cobró por sus servicios, que solo recibía propinas de sus clientes famosos y que era ajeno a los acuerdos dinerarios entre las estrellas. Tras la justificación, toca subirse a la montaña rusa. Cuando Scotty Bowers habla de miel, se refiere, en la jerga de Hollywood, al semen. Cole Porter, compositor y letrista, declaradamente gay, innegablemente promiscuo, sentía una pasión ferviente por los marines... Uno tras otro....y siempre tragaba, subraya el propietario de la gasolinera. Katharine Hepburn, a quien el fotógrafo Cecil Beaton acusaba de poseer un terrible cutis de cocodrilo, aparece retratada como una engreída y estirada en su comportamiento público.

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Errol Flynn, que regaló al mundo un Robin Hood hermoso y joven, tampoco se libra de los comentarios del escritor,  Bowers retrata a un borracho adicto al vodka e incapaz de cumplir con las mujeres, insertando algunas frases del actor como esta:

-" Me gusta la bebida y las mujeres jóvenes, muy jóvenes... No me importa que tengan 18 con tal de que parezca o se comporte como una chica de 14 "-


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Al maestro George Cukor lo presenta como alguien que, en materia de sexo, iba directamente al grano, sin «preámbulos ni besuqueos». «El sexo anal estaba excluido.... George solo quería mamar... Y lo hacía con una eficiencia rauda y fría. Del galán Tyrone Power, Scotty sostiene que «las mujeres se derretían por él y se acostaba con ellas, pero prefería con mucho a los hombres:

-" Me llamaba a menudo y me pedía que le mandara a un jovencito"-

 


Cary Grant, la quintaesencia de la persona suave, era pareja del actor especializado en western Randolph Scott... era un rumor que todo Hollywood sabia. Hicieron muchas travesuras juntos. Aparte de lo habitual, ninguno de los dos follaba... o, al menos es lo que recuerda Scotty. A Randolph Scott le gustaban mucho las caricias y hablar... era muy tierno. Cary Grant también era agradable, se amaron muchos años. Aunque Scotty Bowers no entra en juicios morales sobre apetencias sexuales, hay actores que no salen nada bien parados. Como el gran actor y gay declarado Charles Laughton, de quien dice que no se duchaba en semanas y que era adicto a los amantes de pago masculinos...adoraba tragar esperma. En su libro no se salva nadie: ni Harold Lloyd, ni el bueno de Raymond Burr, ni Tennessee Williams, que escribió una biografía sobre Scotty al que tilda como "La madrina mariquita de todo el universo gay de Los Ángeles", ni Montgomery Clift, James Dean, Anthony Perkins, David Carradine, Linda Lovelace o Steve Reeves ni, por supuesto, Rock Hudson, una de las primeras estrellas fallecidas a consecuencia del sida. Con semejante recorrido, no es extraño que Scotty Bowers fuera un entusiasta y desprendido colaborador del doctor Alfred Kinsey en sus investigaciones sobre el sexo en EE UU. Aquel chico de la manguera está claro que tenía mucho que contar.

 

 

Marlene Dietrich supuso el tránsito de la divinidad a la sofisticación.  Mientras respondía a una fantasía imposible en la pantalla se entregaba a los otros sin más restricciones que el buen gusto y no siempre la discreción. Una frase de «El expreso de Shanghai» es tan elocuente como definitoria del cambio mítico: «He necesitado algo más que un hombre para cambiar mi nombre por el de Shanghai Lily». Ésa fue su divisa: la indiscriminada glotonería sentimental entre amantes masculinos o femeninos; siempre personas importantes o intelectuales de reconocido prestigio. Para ella, el acto de amor supremo era poderles cocinar o cuidarlos en cuanto abandonaban el dormitorio. Sedujo a la amante de Garbo, Mercedes De Acosta, con continuos envíos de flores y una proposición insólita: «Querría preguntarte si dejarías que cocinara para ti», y mantuvo con ella el llamado «matrimonio de Boston», eufemismo de una relación  lésbica. También lo hizo con John Gilbert porque perseguía cuanto lo relacionado con Greta Garbo, tratando de apoderarse si no de su aura al menos de sus amantes. Con Hemingway fue amor materno más que sexual. Y con Von Sternberg comenzó con una relación amorosa y de sumisión que culminó al comienzo en una dolorosa confrontación sadomasoquista de la que ambos salieron malparados. Entre sus muchas conquistas, tuvo un lugar muy especial el actor de origen ruso Yul Brynner cuando éste tenía treinta años y triunfaba en Broadway con «El rey y yo». Relación que aireó para promocionarse, que ocultó cuando Brynner se fue a Hollywood para interpretar a Ramsés II en «Los diez mandamientos», y que borró en su autobiografía. El furor interino de Marlene con Brynner fue tan apasionado que hasta su hija María Riva, lo vivió como una pesadilla. Se veían en el camerino de Broadway, entre función y función, y el apartamento de Marlene lo decoró con sedas de Siam y una cama «king size» para retozar con  su amor. Cuando no podían verse, Marlene le enviaba a su camerino las últimas bragas que se quitaba y las mandaba sucias, esto al actor le fascinaba. 

 

Desde que Rock Hudson murió y el mundo supo que la homosexualidad es la antesala del sida, los medios de comunicación han intensificado su cacería de brujas tratando de averiguar quien es gay en el mundo de la farándula. Y aunque ya son varios los casos de famosos, como Rodolfo Valentino, Errol Flynn y Anthony Perkins, sorprendiendo a los mas incrédulos, lo cierto es que muchas veces se trata de rumores que el viento intenta llevarse. Lo que ha sorprendido esta vez es la identidad de las dos nombres importantes. Se trata, ni mas ni menos, que del rey de las miniseries de televisión norteamericanas, el actor Richard Chamberlain, y del hijo menor de la reina Isabel de Inglaterra, el príncipe Eduardo. La noticia sobre la homosexualidad de Chamberlain, uno de los galanes mas cotizados de Hollywood en las ultimas décadas, apareció hace tiempo en la revista francesa Nous Deux. Según la revista, el famoso "Doctor Kildare" manifestó en una entrevista:

-" Estoy cansado de guardar las apariencias y he decidido irme a vivir abiertamente con mi amante desde hace doce años, el ex bailarín de ballet Martín Rabbett "-

La mayoría de las publicaciones internacionales registraba la enérgica protesta de Chamberlain. El protagonista de famosas series como "El pájaro espino" y "Shogun", señalaba que estas acusaciones son producto del trabajo de grupos de activistas "gays". La historia, sin embargo, ha agotado ediciones en los Estados Unidos, Inglaterra y Francia y tanto en las versiones que lo acusan como en las que lo defienden aparecen testimonios de amigos y compañeros de trabajo del actor respaldando una y otra teorías. El hecho es que las publicaciones que lo involucran y las que lo defienden tienen un mismo fin: "saber la verdad" Independientemente el rumor acerca de la homosexualidad en Richard Chamberlain no es cosa nueva. Eso es algo que se comentó mucho en el mundillo de Hollywood desde hace años y que se ha acrecentado por el hecho de que al actor, a pesar de apuesta figura de galán en el cine, la televisión, jamás se le ha conocido un romance o una relación afectiva con una mujer. Pero si esta noticia causó revuelo lo que mas ha sorprendido ha sido la también reciente publicación de que el príncipe Eduardo de Inglaterra tiene un affaire con un joven actor. Hace meses, el conocido comentarista de chismes Nigel Dempster lo insinúo ante dos millones de lectores con la siguiente frase: "Desde hace un año existe una relación muy estrecha entre el príncipe y el actor Michael Ball,". El articulo describe a Ball como un "soltero de voz dulce" y dice que Eduardo fué a Nueva York ha acompañarlo durante varias representaciones en Broadway de la magnifica obra de Andrew Lloyd Webber, "Aspects of Love", con el propósito de "darle soporte moral". El comentario hizo temblar los cimientos del Buckingham Palace. En una actitud sin precedentes en la realeza británica, después de la publicación en el diario The Mail, de Londres, el príncipe Eduardo tomó la decisión de negar abiertamente a la prensa británica que el sea homosexual:

- "El comentario es absurdo. Yo no soy homosexual"-

Pero la negativa del príncipe al periódico londinense Daily Mirrow llego demasiado tarde. La noticia sobre su supuesta relación homosexual ya había dado la vuelta al mundo en numerosas publicaciones que reprodujeron las insinuantes declaraciones de Dempster. Por años, Eduardo de Inglaterra ha tenido que luchar contra la imagen de ser el miembro "más débil" de la familia real británica. Hace dos años, esta reputación creció cuando el príncipe abandonó el servicio militar en la Marina Real, por considerar el entrenamiento "demasiado rudo". Los rumores acerca de su homosexualidad habían empezado a circular y se aumentaron cuando Eduardo comenzó a trabajar como actor y asistente de producción en una compañía de teatro. Si bien la homosexualidad en la realeza no es nada nuevo, lo cierto es que nadie se había atrevido a publicarlo.. El poder de los Windsor es tremendo, y de esto último Diana de Gales, si viviera podría hablar mucho.
 

 



He querido escribir sobre Errol Flynn, el siguiente apartado, porque creo que de entre todos los actores que poblaron el mítico mundo de Hollywood, fué el mas representativo por su atractivo, bisexualidad y su presencia de macho en celo.

 

 

 

Estos textos son solo una parte de las conversaciones que el actor declaró meses antes de fallecer-

 


-" Pertenezco a una generación que creció jugando con espadas de plástico y pistolas de mentira. Nos fascinaban los corsarios que abordaban naves en llamas, los forajidos que asaltaban bancos, los guerrilleros que emboscaban a fuerzas infinitamente superiores, aprovechando un cañón o la espesura de un bosque. Nos gustaban las causas perdidas. Los sudistas nos parecían mucho más simpáticos que los yanquis. Los samuráis, con sus espadas y su intransigente código del honor, nos resultaban más atractivos que los modernos soldados con armas de fuego. Pensábamos que el temple del guerrero se medía en el cuerpo a cuerpo, no en el intercambio de disparos. Entendíamos las exigencias de la guerra moderna, pero opinábamos que un fusil no podía competir con un sable o una bayoneta. En mi adolescencia, aún se leía Beau Geste, la clásica novela de aventuras de Percival Christopher Wren. Ambientada en la Legión Extranjera francesa, la adaptación cinematográfica realizada en 1939 por William A. Wellman, con Gary Cooper en el papel protagonista, incendió la imaginación de infinidad de muchachos de mi edad. Nada se nos antojaba más hermoso que morir en el desierto, defendiendo un fuerte asediado por beduinos. El vestuario blanco de los legionarios representaba la forma más exasperada de romanticismo, pues permitía ocultar la identidad bajo un nombre ficticio. Era el refugio perfecto paras aventureros, inadaptados y bandidos. Es decir, para hombres sin nada que perder "-

-" No teníamos una percepción clara de lo que representaba la violencia, pero nos atraían valores como el coraje, la lealtad, el sacrificio. No sabíamos que el fascismo había convertido estos principios en los pilares de su credo. Sólo mucho más tarde llegaríamos a plantearnos si nuestra forma de ocio juvenil había pervertido nuestra sensibilidad. Hasta los doce años jugué con réplicas del Winchester 73 y el clásico Colt. Aunque a veces fantaseábamos con ser piratas, casi siempre escogíamos las peleas entre indios y rostros pálidos. No recuerdo cuántas veces me mataron ni en cuántas ocasiones salí airoso del lance, abatiendo a mis primos y amigos. Nos gustaba morir con grandes aspavientos, extendiendo los brazos y profiriendo quejidos desgarradores. El inconveniente de recibir un «balazo» era que debías representar el papel de difunto durante al menos cinco minutos. Era un verdadero fastidio, pero apenas resucitabas volvías a la lucha con ardor renovado. El rifle y el revólver siempre provocaban polémicas, pues demostrar que habías acertado en el blanco con una bala inexistente exigía ciertas dotes de persuasión, salvo cuando se disparaba a bocajarro. Por eso, nos atraían el arco, el hacha y el cuchillo. Las flechas con ventosas y los filos de goma actuaban como evidencias incontrovertibles. Sólo podías utilizar esas armas cuando asumías la identidad de un piel roja, lo cual significa ser el malo de la película. No solía molestarnos demasiado, pues los nombres de apaches, sioux o cualquier otro pueblo nativo nos seducían con su poética resonancia: Gerónimo, Caballo Loco, Toro Sentado, Nube Roja, Oso Blanco, Estrella Fugaz, Halcón Negro. Muchas veces nos preguntábamos si los malos eran realmente tan malos, y si los buenos no eran villanos que fingían un heroísmo de cartón piedra. De hecho, casi nadie quería la placa de sheriff. Jesse James o Billy el Niño nos inspiraban más simpatía que los agentes de la ley, casi siempre al servicio de los grandes rancheros. Mis juegos de infancia no influyeron en mis decisiones posteriores. Descarté realizar el servicio militar obligatorio. Me declaré objetor de conciencia, pues tenía muy claro que mi mente se rebelaría contra la perspectiva de herir o matar a un ser humano. Además, no me agradaba el sentido de la disciplina que establece como prioridad obedecer una orden, liquidando el principio de autonomía que regula una existencia racional. Paradójicamente, mi sincero pacifismo se tambaleó durante mis años de universidad. Aunque la movida había restado lustre al marxismo, aún conservaba cierto brillo como principal ideología revolucionaria. Muchos de mis compañeros y algún profesor justificaban la lucha armada desde una posición de extrema izquierda. Al mismo tiempo, las pistolas de juguete, los westerns y las películas bélicas les horrorizaban, pues consideraban que los niños debían buscar entretenimientos pacíficos. La crisis económica resucitó hace unos años el discurso radical de izquierdas. En algunos países se puso de moda la Baader-Meinhof. Afortunadamente, se trató de un fenómeno más estético que político, pues no resurgieron las guerrillas urbanas con sus cruentos atentados. No es menos cierto que la ultraderecha siempre ha exaltado la violencia, pero desde hace mucho tiempo ocupa un espacio marginal y su influencia es irrelevante"-


_" No repudio mis juegos de infancia. No creo que hayan alimentado la violencia entre los niños de mi generación. No me parece preocupante que me entusiasmara películas como aquella que me dieron tanta fama: La carga de la Brigada Ligera, Robin de los bosques, Murieron con las botas puestas, Objetivo Birmania o Gentleman Jim. Protagonicé estas películas, prodigando su explosiva mezcla de vitalidad, humor, desvergüenza, seducción, rebeldía, despreocupación y confianza en mi mismo. Soy hijo del reputado oceanógrafo, biólogo y antropólogo irlandés Theodore Thomson Flynn, yo no era un fanfarrón al que atribuirle falsas aventuras, bueno, sí, me gustaba decir que descendía de los marineros amotinados en el Bounty, sino un espíritu indomable que había acumulado expulsiones de colegios en mi niñez, había practicado el boxeo en su juventud y había probado fortuna en toda clase de oficios: buscador de oro, marinero, contrabandista, ladrón de joyas, pescador, friegaplatos, peón en una plantación de cocos, corresponsal de prensa durante la guerra civil española. Escribí dos novelas y mi autobiografía, dedicando airadas palabras a los productores de Hollywood: «Os podéis meter los rumores sobre mi vida íntima donde el mono se mete los cocos; yo me he sacado las castañas del fuego de los lugares más duros. Solo yo estoy en la libertad de decir que he sido un camorrista, mujeriego, practique sexo con compañeros de trabajo, soy un gran bebedor de alcohol, solía emborracharse con los especialistas, oponiéndose a que lo doblaran en las escenas de acción "-

Errol Flynn ya era un galán de otra época. De hecho, murió en 1959, con sólo cincuenta años, pero gracias a las programaciones televisivas de muchos países del mundo, seguía encarnando la figura de héroe romántico e idealista, con un gran sentido de la amistad y un temperamento apasionado. Era inevitable imitarlo cuando de joven jugaba con nuestras pistolas de plástico o lanzábamos una carga suicida. Contemplo con mucha nostalgia esos años y no he consentido que las falsas acusaciones de antisemitismo ni los escándalos sexuales hayan menoscabado mi admiración por el actor que dio rostro a Robin Hood y a una versión idealizada del intrigante, narcisista y ambicioso George Armstrong Custer, un oficial no más sanguinario que el resto de los militares implicados en las guerras indias. La edad adulta tal vez empieza cuando el afán de objetividad destruye los mitos que nos cautivaron en nuestra infancia y juventud, cosa que no es mi caso. Al margen de esta cuestión, me parece absurdo alarmarse porque un niño juegue con una espada láser, una pistola de agua o un revólver de plástico. Puedo asegurar que los videojuegos violentos fomentan las personalidades psicopáticas. Los adolescentes perciben claramente la diferencia entre realidad y ficción. Las guerras no estallan porque se juegue a matar marcianitos o porque un programa de ordenador reproduzca con sorprendente fidelidad un escenario bélico. No son los juegos, sino las ideologías, las que despojan de valor a la vida humana, con el pretexto de realizar un Idea. No creo que vuelvan las espadas de plástico, pero cuando he contemplado alguna en una función de teatro o en la vitrina de un coleccionista, no he experimentado fantasías violentas, sino añoranza de mi infancia. Siempre que paseo cerca del mar, uno de mis lugares favoritos, recuerdo la mirada desafiante de Errol Flynn, encarnando como solo él podía hacerlo al capitán Blood, caballero y corsario.


Errol vivió al límite, pasó soberanamente de todo el mundo y se divirtió todo lo que quiso. Y aunque eso pasa factura con cierta soledad final, la verdad es que hay anécdotas para contar durante días. Y si bien esa decadencia es personal, no es artística, ya que Flynn jamás ha estado tan creíble como en Las raíces del cielo, de John Huston. Pero hay cosas que no cuenta. Algunas son sorprendentes y otras, no las puede contar porque ocurren cuando ya ha muerto. Y como siempre digo, lo maravilloso de Internet es que uno puede completar la historia gracias a la tecnología. Por ejemplo, dedica especial interés a contar cómo construye la casa en la que vive, con establo, con una piscina que se puede ver desde el salón.... Y una vez que te imaginas perfectamente todo lo que cuenta, resulta que Youtube ofrece un vídeo con la historia de su casa, desde que la construyó Errol hasta la actualidad. Hay cosas que me sorprenden más. Como la historia de su primera mujer, la bella Lili Damita, actriz famosa cuando Errol llega a Hollywood a buscarse la vida y que, justo cuando él alcanza el estrellato casi inmediato con El capitán Blood, comienza su declive. Nunca sabremos si Lili era una buena persona o una arpía, solo tenemos la versión de Errol: "era una bruja malsana", y debo decir, que yo me lo creo..Con todo el daño que se hicieron, con amenazas de suicidio por parte de ella, e incluso el momento en el que Lili se queda con la casa de Flynn en pago por las pensiones atrasadas... pues a pesar de todo eso, la caballerosidad de él y aún denominándola bruja malsana, reconoce que era arrebatadoramente bella. El actor omite un dato crucial para comprenderle, Errol odiaba profundamente al director de sus películas más famosas: el gran Michael Curtiz. El director de Casablanca y Robin de los Bosques. que según las crónicas de Hollywood, era ser cruel y despreciable. No le importaba nada con tal de conseguir un buen plano, también Curtiz fue el culpable de la muerte de más de un especialista..A sus íntimos Errol le dedicaba unos cuantos adjetivos: "Curtiz, ese director nazi y bastardo".

 

Más tétrica es la historia de su hijo Sean Flynn, que además de actor en películas penosas, como El hijo del Capitan Blood, debía tener el mismo carácter aventurero de su padre... sólo que a él las cosas le fueron peor. Suyas son algunas fotos muy, muy duras de la guerra del Vietnam, a la que fue en calidad de fotógrafo. La mala suerte hizo que en una de sus idas y venidas fuera capturado por el Vietcong. Tal como lo cuentan las crónicas, Flynn virtualmente desapareció del mundo. Dicen que Sean fue visto enjaulado en la jungla, junto a su compañero Dana Stone, casi un año más tarde de su arresto, en un estado deplorable. Finalmente, fueron ejecutados. Así moría el hijo de Errol Flynn, en el que en su autobiografía deposita sus esperanzas en un futuro mejor. Pocas horas antes de ser capturados, a Sean Flynn y Dana Stone les hacían esta foto: un testimonio histórico que poco tiene que ver con el glamour de Hollywood.

Olivia DeHaviland ha desmentido a Errol en sus memorias, pues el actor habla de ella como su amante o como un amor del actor por la actriz y dice que "es evidentemente que nos acostamos". Pero debo aclarar dos cosas al respecto: Errol era fanfarrón en muchos aspectos, pero nunca con el tema de las mujeres. Siendo rico y siendo pobre, nunca tuvo problemas para acostarse con quien quisiera, él lo veía como algo natural. Por tanto, hasta el tema de las violaciones es absurdo, aunque los testimonios de estas mujeres son más absurdos todavía: "tiene su barco lleno de botones que abren compuertas y te puede dejar encerrada". El juez vió el barco y encerró a la jovencita por mentirosa. En esta época actual, tan políticamente correcta, es lógico que Olivia no quiera que el público piense que ella era una mujer fácil... pero la realidad es que era muy difícil resistirse a los encantos de Errol. Por lo menos, eso es lo que ella decía en una entrevista televisada en el año 1.970: una época menos correcta, más divertida y en la que queda claro que, entre ambas estrellas, hubo una noche de sana lujuria.

 

La leyenda sigue caminando: Errol Flynn tocaba el piano... con once dedos. Al menos eso decía Marilyn, testigo ocasional de la vena musical del actor. Errol Leslie Thomson Flynn,  no sólo fue famoso por sus grandes películas, sino también por historias como la anterior, que lo hicieron uno de los más grandes juerguistas de Hollywood. Un viva la vida incapaz de rechazar una buena pelea, una bella dama o una botella llena de whisky.

-"En todo el mundo se me identificó como el playboy de Occidente. Ése era yo. Un símbolo fálico universal"-.

 Así se definió el actor Errol Flynn en "Aventuras de un vividor", memorias publicadas poco después de morir en 1959. y en ella Flynn repasa su vida sin obviar drogas, juicios por violación o apuros económicos. 'El diablo de Tasmania' Así se titula el primer capítulo de un libro escrito con mucho humor y un ego del tamaño de su afamado miembro viril. El porte caballeresco que cultivó influyó en su estilo literario, donde escasean los cotilleos o los insultos. Habla de sus amigos Abbott y Costello, William Holden, Welles o Bogart. Del "hambre por la naturaleza de John Huston" y del "distinguido y trabajador" príncipe Rainiero. Sólo Chaplin merece una puya: "Era un snob distante", dice y un obseso por el sexo Lo que sí aparece en cada párrafo de sus memorias es su obsesión por el sexo. "Mi gran pasión", reconoce. La lista de amantes mencionadas es larga pero casi anónima. Ironiza sobre sus juicios por violación de menores, delito que niega, aunque preguntándose con sarcasmo sobre "¿quién se acerca a una posible novia pidiéndole su partida de nacimiento?". La lista de amantes mencionadas es larga. Las drogas son tratadas con una honestidad sorprendente. Probó el opio, la marihuana y todo tipo de afrodisíacos, "en especial la cocaína untada en la punta del pene". Llevaba siempre una nariz falsa para sentarse "a leer en cualquier parte". Y, por encima de todo, vivió:

-"Me gusta disfrutar la emoción de vivir cada día, cada hora del día, porque sólo estamos aquí una vez. Sintamos el viento mientras podamos".

 Aunque sus memorias fueran más honestas de lo habitual en la época, son muchas las cosas que Flynn se dejó en el tintero. No fue lo que hizo en 1980 Charles Higham, que en Errol Flynn: The Untold Story lo acusaba de simpatizar con los nazis e incluso de espiar para ellos durante la II Guerra Mundial. Higham también puso en solfa su masculinidad, afirmando que se acostó con Tyrone Power, Howard Hughes y Truman Capote. En otra biografía, El espía que nunca fue, Tony Thomas defiende a la estrella recordando su apoyo a la República durante la Guerra Civil española y su amistad con Fidel Castro. Así que este homenaje a mi admirado Errol Flynn podría haber sido escrito en cualquier momento del año, pero he elegido ahora porque me siento en la necesidad de escribir sobre él, le admiré ya en Robin Hood y no creo que vuelva a existir hombre igual. Yo podría ponerme a escribir este articulo diciendo: “Oh, Errol Flynn, qué estrella más grande, ése Robín de los Bosques, ese Pirata del Caribe. O ponerme a elogiar sus dotes profesionales o su atractiva figura. Pero no es mi estilo... ¿Cuál es mi estilo? Si encontráis una respuesta a mi pregunta, ¿me la puedes enviar?).

 

Errol en realidad se llamaba Leslie, como Leslie Nielsen y como la hermana pequeña de la Nancy. En realidad era Leslie Thompson Flynn, y nació en Australia, o sea, como el diablo de los dibujos y como Hugh Jackman, Nicole Kidman, Russell Crowe, Mel Gibson… Tanto como se habla ahora del boom de los actores australianos y resulta que el primero de ellos los eclipsa a todos, en una enorme variedad de aspectos, como actor y devorador de la buena vida. En 1937, no me preguntéis por qué, Errol Flynn fue depositario de una importante suma de dinero destinada a la II República Española. En cambio, el FBI tenía documentación de sobra que identificaba al actor con una ideología próxima al fascismo. Es más, dada su ascendencia irlandesa, se temía que el dinero pudiera acabar en el IRA. No hubo problemas: el dinero no le llegó ni a Azaña, ni al IRA ni a Hitler ni a nadie. Nunca se supo lo qué pasó con él...yo apunto a que se lo gastó. Sus fiestas eran míticas. Eran prácticamente orgías. Y aquí llega el gran dato, la gran leyenda urbana. En esas fiestas, cuando se tomaba más de una copa, Errol Flynn deleitaba a sus amistades tocando el piano con el pene. Así entre nosotros, a mí no me parece para tanto: yo toco la batería. Pero se supone que, como os he dicho, una leyenda urbana. Una leyenda, eso sí, confirmada por la mismísima Marilyn Monroe, que un día asistió a uno de estos conciertos. Pero hay una leyenda mucho mas insólita, John Barrymore, abuelo de Drew Barrymore y uno de los mitos del cine mudo, era un fijo de sus fiestas, porque aunque tenía 30 años más que Errol Flynn, aguantaba más drogas y alcohol que él. Cuentan que, cuando John murió, sus amigos lo desenterraron y lo llevaron a casa de Errol para que asistiera de cuerpo presente a una última fiesta en su honor. Por supuesto, todos lo negaron. Pero yo un día vi un documental sobre John Barrymore en el que varios supervivientes de esa época decían: “Sí, es una leyenda, pero no es cierta, cómo va a ser verdad, qué delito más grande…” Hasta que llegaba Mickey Rooney, que añadía: “En efecto, yo mismo ayudé”.

 

Era al igual que Ava Gardner, su compañera en FIESTA, un alcohólico sin solución. Cuando le prohibían llevar alcohol a los rodajes, Errol inyectaba whisky en un kilo de naranjas, y se las iba zampando en el plató. No en vano, el alcoholismo le castigó el hígado y el corazón de tal manera que murió con 50 años, pero la autopsia decía que su cuerpo parecía el de un hombre de 75. Se cuenta que fue enterrado con seis botellas de whisky para el camino. Nadie mejor que él para abordar espada en mano un galeón español, para mandar la carga de la brigada ligera, para conducir ovejas hacia Montana, para sentarse a la mesa del traidor Juan Sin Tierra y comerle con la mayor desfachatez una pata de cordero, para ser el apuesto Essex que conspira contra Isabel II al tiempo que la enamora, para despedirse con elegante emoción de Olivia de Havilland, y para hacer un guiño pícaro al revólver amoroso y resentido de Alexis Smith, para beber todo lo que se puede beber y más en el París y los Sanfermines de Hemingway, para conducir a los caballeros ingleses a las batallas con la armadura negra de Edward de York o para morir con las botas puestas. Así era Errol Flynn: alegre, desenvuelto y audaz, con la mirada muy viva y el bigote recortado: el mejor bigote de la historia del cine después del de Clark Gable, que era la otra gran representación del aventurero, en su fase de madurez e ironía. Errol Flynn también citaba a Shakespeare. le da su nombre al valeroso y desgraciado niño que cuida los caballos en «Dodge, ciudad sin ley y a Edward Gibbon, pero lo suyo era, sobre todo, abordar barcos y conquistar ciudades y mujeres. Antes de ser actor vivió en París y Londres, navegó por los mares del Sur, fue buscador de oro y periodista, y en 1931, con sólo veintiún años, se retira e inicia una nueva aventura, como actor de teatro primero, y en 1934 prueba con el cine, para lo que viaja al lugar donde se hacía el único cine de verdad: Hollywood, ofreció al cine un tono muy personal de aventuras de los años treinta y cuarenta, al que Flynn aportó su desenfadada ironía y su simpatía arrolladora, aparte de un atractivo físico digno de tener en consideración. Durante un cuarto de siglo fue el rey y el aventurero por antonomasia, fuera y dentro de la pantalla. En la década del cincuenta decae. Estaba muy trabajado por la golfería y el alcohol. No obstante, siguió interviniendo en películas de aventuras muy agradables: «El señor de Ballantrae», de William Keighley; «La isla de los corsarios», de George Sherman; «Mara Maru», de Gordon Douglas; «Montana», de Ray Ernright; etcétera, y en alguna de corte dramático «La dinastía de los Forsythe», de Mervyn Le Rey. Los de mi generación le conocimos como el mejor caballero rebelde. Al final interpretó a John Barrymore en una película biográfica; al aristócrata escocés borracho de «Fiesta», de Henry King, y al viejo cazador de elefantes de «Las raíces del cielo», de John Huston. Continuaba siendo, pese a que los año no pasan en vano, a las juergas, al alcohol y a su voracidad para gastar dinero, Errol Flynn. Según Raoul Walsh, que le conocía bien, dijo:

-"Flynn sólo creía en el "beau geste" y en la vida "-

"Ésta fue mi primera experiencia con un marido enfadado", apostilla el actor en sus memorias. Por supuesto que situaciones parecidas jalonaron, en multitud de ciudades y en varios continentes, las andanzas amorosas de uno de los mayores mitos sexuales de Hollywood, un sonriente, vitalista y guapo australiano que llegó al cine por casualidad -al participar en el reparto del filme In the wake of the Bounty en Tahití- y que se convirtió en uno de los actores más ricos y famosos en las décadas de los treinta y cuarenta.

-" La mayoría de las acrobacias que la gente veía en mis películas de acción, puedo decirlo sin faltar a la verdad, las hice yo. He librado duelos a espada sobre parapetos, he montado caballos sobre barreras altas y barrancos profundos, he luchado con indios que eran especialistas duros y reales; todos muy buena gente. En Robin de los bosques hice todas mis acrobacias. Maldita sea, me decía, yo no quiero ser un farsante. La razón de fondo era que tenía miedo y que tenía que enfrentarme a ese miedo. Si me da miedo hacer algo, yo lo acorralo, intento combatirlo y derrotarlo"-.

 Todo un autorretrato de su actitud ante el cine y ante la vida. De este modo, Errol Flynn cimentó su fama tanto en la pantalla como fuera de ella porque los espectadores, y de modo singular las espectadoras, sabían que sus papeles no respondían a un actor de cartón-piedra, sino de carne y hueso. Es decir, que todo el mundo sabía que había mucho de la persona de Errol Flynn en El capitán Blood, en Camino de Santa Fe, en el oficial de la mítica Murieron con las botas puestas , en el seductor de El burlador de Castilla o en tantas otras películas hasta que, después de rodar Kim de la India, comenzó su declive..

 

Sus memorias, que fueron publicadas el año de su muerte, están narradas de manera cronológica y muy descriptiva, pero están repletas de reflexiones filosóficas sobre la familia, las mujeres, los hombres, los jefes o los compañeros de profesión. Toques de ironía con aire de humor anglosajón, caricatura de la nobleza bruta de los australianos y autocrítica y reivindicación, al mismo tiempo, de su carácter bromista, pendenciero y machista, ilustran un libro que sirve también para conocer las entretelas del mundo del cine. Nunca abandonó a Errol Flynn el gamberrismo de sus años juveniles, y una perfecta muestra fue su actitud con Olivia de Havilland, su compañera de reparto en varias películas y con la que se equivocó en sus tácticas de seducción. Del rodaje de La carga de la brigada ligera, en 1936, el actor recordó esta significativa anécdota: "Olivia sólo tenía veintiún años. Yo tenía un matrimonio, por supuesto, desgraciado. Olivia era preciosa y distante. Yo debía de desagradarle por mis provocaciones, porque puse en práctica bromas muy escandalosas. Una vez, cuando fue a ponerse las bragas, encontró una serpiente muerta en ellas. A veces, las bromas terminaban con los protagonistas en el hospital, como en una pelea entre Errol Flynn y su primera mujer, Lili Damita, en una fiesta de aniversario y con muchos invitados como testigos, en la que ella rompió una botella de champán en la cabeza del actor y él propinó un puñetazo a su mujer que la dejó inconsciente. Si bien se reconciliaron más tarde y no se divorciaron hasta 1942, aquel incidente ocurrido a mediados de los años treinta abrió una brecha en la pareja. El actor se casó otras dos veces, con Nora Eddington y con Patrice Wymore, con la que vivió casi hasta su muerte, y tuvo cuatro hijos: uno de Lili Damita; dos de su segunda esposa y otra de la tercera. Bisexual y mujeriego reconocido, Errol Flynn defendía, no obstante, la posibilidad de convertir a antiguas amantes en amigas. "Muchas relaciones con hombres y actores conocidos", escribe, "han acabado en amistades permanentes o por lo menos sin animosidad. No siempre han sido mutuamente satisfactorias, también ellos sabían con quien se acostaban....!!Y les gustaba demasiado!!.. De este modo se levantaron muchas críticas y habladurías en su contra, principalmente tras su muerte: que era pro-nazi y había mantenido escarceos homosexuales con sus amigos Tyrone Power y Truman Capote. Únicamente ha sido probada una relación extramatrimonial con un joven los últimos dos años de su vida; en cuanto a la acusación de fascismo, es un bulo enteramente falso; incluso apoyó a la República Española durante la Guerra Civil y a Fidel Castro, al que consideraba su amigo, dirigiendo documentales a favor de la Revolución cubana. Entre todos sus grandes éxitos, destaco los dirigidos por Michael Curtiz, casado luego con su esposa francesa la actriz Lili Damita, con el que colaboró en once largometrajes, y por Raoul Walsh, para el que trabajó en siete películas. Olivia de Havilland se convirtió desde que trabajó con él en 1935 en su pareja cinematográfica ideal, ya que la serenidad de la actriz neutralizaba la insolencia y desenvoltura de Errol Flynn. Fue además muy amigo del magnate Howard Hughes, con quien compartía muchas de las fiestas privadas que organizaba.

 

Su declive comenzó tras el final de la Segunda Guerra Mundial, en la que no pudo participar debido a no haber sido considerado apto por el ejército, algo que lo perturbó. El motivo del rechazo fueron los estragos debidos a sus excesos con las drogas y el alcohol. Estragos que se acentuaron a principios de la década de los años 1950, cuando empezó su relación con la única de sus tres mujeres que le quiso y lo idolatró de verdad, Patrice Wymore. En 1952 se marchó a Europa para realizar películas en esa plaza cinematográfica; una de ellas y para mi genial film FIESTA. Volvería a Hollywood en 1956 totalmente alcoholizado, dejando sin acabar la película William Tell, solo haciendo papeles que estuvieran a su altura en Fiesta, de Henry King, junto a Tyrone Power, Mel Ferrer y Ava Gardner. En este film, compaginó a dos amantes: Tyrone Power y Ava Gardner.

El director cinematográfico Irving Rapper dijo de él:

-"Tuvo el mundo entero en la palma de sus manos y no supo aprovecharlo"-.

 

Flynn viajó el 9 de octubre de 1959 a Vancouver para vender su yate Zaca al magnate George Caldough. Estando en esa ciudad y a punto de abordar el avión de regreso, su salud se deterioró y Caldough lo hizo llevar a su apartamento y llamó al médico, quien le recomendó descanso... Flynn se recostó en un diván. Al cabo de media hora falleció prematuramente de un infarto cardíaco fulminante. En Vancouver, con solo 50 años; los forenses afirmaron que su cuerpo se hallaba tan deteriorado por el alcohol y las drogas que representaba el de un hombre de 70 años; su mismo padre le sobrevivió diecinueve años.

 Errol Flynn fue inhumado en el Forest Lawn Memorial Park Cementery de Glendale, California y aquel día fué como si me arrancaran un brazo, había perdido al mejor actor de aventuras de todos los tiempos, al hombre mas interesante de cuantos han pasado por la pantalla, y dejarme decir esto último:

 

-!!SE ME FUÉ UN AMIGO!!-, porque sin él saberlo compartíamos mucho en esta vida