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LAWRENCE DE ARABIA

 

 

 

 

David Lean le ofreció a Marlon Brando el papel de Lawrence, pero el actor lo rechazó, en principio y según sus palabras, por el largo tiempo que tenia que pasar en el desierto....Años mas tarde me confesó que se lamentó toda su vida. Cuando vió el film, sintió envidia sana por la interpretación de Peter O`Toole. Esa era la única espina que tenia clavada de toda su trayectoria profesional. Lawrence de Arabia y Brando tenían mucho en común, hubiera ofrecido una imagen diferente del personaje, y soy testigo de que esto le quitó el sueño muchas noches. El cine a veces causa estas atrocidades.

 

Siempre recordaré la impresión que me causó esta película cuando la vi de joven, tal vez no asimilé hasta tiempo después la intensidad de su argumento, pero los espacios desérticos, su música, la luz, el silencio, fueron para mí de total atracción. Luego, de mayor, después de haber vuelto a visionarla una veintena de veces, cada vez me ha ido gustando más… Cómo no rendirse ante la interpretación de Peter O'Toole haciendo de militar intelectual excéntrico, en escenas, como su regreso al cuartel en El Cairo (rodado en la plaza de España de Sevilla), todo polvoriento, acompañado de su querido sirviente árabe, entra en la sala de oficiales y pide al camarero que le sirvan limonada fría ante la sorpresa y rechazo de todos los uniformados tenientes, capitanes, jefes, etc. que ni lo reconocen vestido de beduino ni entienden tal atrevimiento; o la escena en que Lawrence y Omar Sharif discuten sobre si el destino está escrito o lo escriben los propios hombres con su determinación…Es un film como todos las que hizo David Lean, gran maestro del cine: “UNA OBRA MAESTRA”, y uno de sus trabajos mejor valorado. El guión, de Robert Bolt y Michael Wilson, se basa libremente en escritos de Thomas Edward Lawrence y en sus memorias autobiográficas “The Seven Pillars of Wisdom”, posteriormente resumidas en “Revolt in the Desert”. Se rueda en escenarios naturales de Marruecos, California, Gales, Inglaterra y España y en los platós de Shepperton Studios, con un presupuesto de 15 millones de dólares. El film es nominado a 10 Oscar y gana 7 (película, director, dirección artística, fotografía, montaje, música y sonido). Su estreno mundial fue el 10-XII-1962 en Londres.

 

La acción tiene lugar en Egipto, Jordania, Siria, Arabia, etc., en 1917. Se citan las localidades de El Cairo, Aqaba, Deraa y Damasco. Thomas E. Lawrence es un oficial británico, al que su profesión de arqueólogo había llevado a realizar trabajos de investigación en Oriente Medio. El servicio secreto británico lo recluta para que prosiga sus investigaciones como excusa para obtener informaciones de interés militar. Es enviado a negociar con los jefes árabes alianzas que permitan su unidad de acción frente al enemigo común, el Imperio Otomano, aliado de Alemania. Establece buenas relaciones con el príncipe Feisal, Auda Abu Tayi, Sherif Ali y otros. Lawrence es un personaje culto, aventurero, solitario, extraño, extravagante, individualista y misterioso. Es, además, un hombre de acción, un líder político carismático y buen escritor. El film suma aventuras, biografía, drama y guerra. La narración se desarrolla en un largo de un flashback que se inicia tras su accidente de moto en Inglaterra el 13-V-1935. El realizador deja constancia de sus dotes de gran narrador y de la notable habilidad que le asiste en la integración de imagen y relato. Con imágenes sorprendentes justifica elipsis, aporta explicaciones concluyentes, muestra la disciplina militar, introduce personajes (el que surge de un espejismo), etc. En ocasiones el sonido es la referencia que sitúa a los actores y al espectador. Un rodaje de dos años permite al realizador componer una descripción visual minuciosa, detallada y perfeccionista, cuidada y clasicista, de gran belleza plástica. Convierte el desierto en uno de los protagonistas principales del film. Lo presenta inmenso, inabarcable, acogedor, soberbio y peligroso. Sirve de refugio, camino, lugar de reunión, espacio de lucha, campo de batalla... Simboliza las ambiciones, los anhelos, sueños y deseos del protagonista. Rodado en 65 mm, es uno de los últimos films que hacen uso de este formato, que permite una calidad y definición de imagen mas que estimable. Tras su exhibición comercial, la cinta estuvo a punto de perderse. Se encontró un negativo original en la caja acorazada de la Columbia, con 35 minutos de metraje adicional. Se restaura y en 1989 se ofrece un nuevo montaje, realizado por Lean, de 222 minutos. La versión comercial original es de 185 minutos. La música, de Maurice Jarre, compone una partitura ambiental y descriptiva, de 12 cortes. El tema principal es el desierto (“That is the Desert”). Se sirve de instrumentos exóticos y electrónicos. Predominan los temas de aire árabe y las marchas militares. Añade un fragmento de “La voz de las armas”, marcha tradicional compuesta por el mayor Kenneth J. Alford. La fotografía, de Freddie Young, en color y scope, construye una narración visual de gran lirismo, notable sobriedad y emotivas sutilezas. Realza lo exótico y lo lejano, como motivos de atención y adhesión al film. Confiere a la cinta una admirable unidad estética, jalonada de imágenes legendarias. David Lean, combina espectacularidad, intimismo y clasicismo. En la historia del cine está considerada como uno de los films más representativos de los años 60.

 

 

 

Es prácticamente imposible describir las sensaciones que causa ver "Lawrence de Arabia". Es uno de esos raros filmes que si te atrapa, te hipnotiza, y te lleva por donde quiere sin que puedas resistirte a ello. No es fácil enfrentarse por primera vez a esta magna obra de David Lean: sólo contemplar la duración, cercana a las cuatro horas, acongoja al más predispuesto. Pero una vez dentro de ella, no se puede salir. Desde la secuencia inicial, con la muerte del protagonista hasta el final, todo destila épica, grandiosidad, y a la vez, intimismo. No sólo es un lienzo de unos hechos históricos, sino que es el viaje del alma de T. E. Lawrence. Las actuaciones están a un nivel pocas veces visto, porque no es fácil que una película con un reparto tan coral y heterogéneo acabe resultando en un todo sin fisuras, y cada personaje es capaz de dominar el plano, sea cual sea su cuota de aparición en pantalla. Como ejemplo, baste contemplar el trabajo de José Ferrer como el Bey turco. Y es que, lo único que diferencia en "Lawrence de Arabia" a los protagonistas de los secundarios es el número de minutos que aparecen. Sería temerario considerar " secundario" a un Alec Guiness que transmite un señorío y una majestuosidad sólo con salir en plano; a un Anthony Quinn que destila garra y fuerza, además de ser responsable de la mayoría de momentos divertidos de la película a base de encarnizados e ingeniosos enfrentamientos dialécticos; a un Omar Sharif descomunal, con una mirada tan intensa que podría derretir la arena del desierto... o a un Peter O'Toole que se funde con su personaje de forma que es imposible saber hasta dónde llega la interpretación y comienza la transformación. A pesar de esto, el auténtico protagonista de la función vuelvo a repetir que es el desierto: dudo que se pueda transmitir su inmensidad, su grandiosidad y su dureza de forma más nítida que en "Lawrence de Arabia". Su presentación no puede ser más impactante, con el corte brusco que nos transporta desde la cerilla de Lawrence al abrasador sol y las infinitas dunas de Arabia. El desierto está omnipresente en cada plano: de día, de noche, en los momentos de gloria y en los de decaimiento, en la exaltación de Lawrence y en sus humillaciones. Además, le permite a Lean deleitarnos con secuencias tan gloriosas como la aparición de Omar Sharif confundiéndose en la lejanía con un espejismo. Si hubiese que encontrar algún fallo, sería el personaje de T. E. Lawrence: poco sabemos de sus motivaciones, y de por qué se comporta de la manera en que lo hace. Pero "Lawrence de Arabia" es pretendidamente imprecisa sobre un personaje que desata pasiones tan encontradas. Lean no pretendía hacer un documental sobre Lawrence, ni un mero retrato histórico, sino hacernos sentir que estamos de viaje por el desierto. Un viaje sin retorno al centro de un corazón que destila cine puro. Nadie en su sano juicio puede poner en duda que “Lawrence de Arabia” es un verdadero espectáculo cinematográfico de primer orden, y que se trata de una superproducción en mayúsculas que hace temblar ante tanta belleza reconcentrada.

 

 


 

David Lean desgraciadamente sólo es recordado por sus mastodónticas películas de la última parte de su filmografía, cuando a mi siempre me ha interesado más la parte británica, a veces pienso que sus dos mejores películas son Doctor Zhivago y Lawrence de Arabia . El resto aún siendo grandes Films, no llegan a despuntar tanto. Lawrence de Arabia lo primero que demuestra es un leve desconocimiento de lo que es la historia de los pueblos de Arabia, a los que se les presenta como divididos en tribus como si se tratase de la época del profeta Mohammed en el siglo VII. Además el papel histórico de Lawrence fue menor de lo que aparece en la película. Porque en realidad la cuestión no es tanto lo que eres sino cómo te venden, Lawrence hoy en pleno siglo XXI sería un agente de la CIA que asesora a los muyahidines de la guerra de Afganistán contra los talibanes. Sí, hay muchos Lawrence, sólo que son despreciados porque se les asimila a otros conceptos relacionados con la ideología derechista americana, y eso es lo que exactamente era Lawrence, un asesor militar pero no un líder político. En lo que no estoy de acuerdo es la continua exaltación del personaje, hasta parecer un verdadero Moisés, una especie de Jesucristo que también sufre su tortura, medita en el desierto, tiene sus apóstoles, sufre la tentación del mal, el libre albedrío con el nada está escrito... Los anacronismos históricos son continuos pero tampoco quiero crear un foro de historia, solo recordaré lo que dice Spielberg: " Que importa cambiar algunos hechos y transformarlos en otra cosa en beneficio de la trama.". Que el propio Spielberg diga que este es el mejor guión de la historia, es ya digno de tener en cuenta y olvidamos pequeños retazos mas propios de un manuscrito literario que de una obra maestra del cine.

 

Con las interpretaciones tengo mis puntos fuertes, aunque como siempre con hipérboles literarias. A Peter O’Toole le seleccionaron ante todo porque Marlon Brando rechazó el papel, y no hay que olvidar que le seleccionaron principalmente por su increíble parecido físico con el verdadero Lawrence. la interpretación de O`Toole es de altura, pero de ahí a decir como muchos críticos apuntaron que es el mejor actor del siglo XX es una equivocación, cuando en nuestro pensamiento se dibuja como podría haber dado vida al personaje el que es el mejor actor de todos los tiempos: MARLON BRANDO. No obstante el propio Peter O’Toole tiene trabajos sin ir más lejos, el que hace en “Lord Jim” que es colosal, inolvidable y sensacional. La película responde a un momento donde la televisión ganaba paulatinamente el terreno y gracias a directores como David Lean el cine se salvó y goza de buena salud. En ningún caso es un biopic de Lawrence, porque no hay que olvidar que los guionistas, bien por metraje o por órdenes de David Lean, de su biografía nos quita más de 15 años de su vida, entre ellos algunos de los pasajes más apasionantes, como cuando se alistó bajo nombre falso en la fuerza aérea y como soldado en la de unidad tanques, además de sus problemas mentales. Yo recomiendo la lectura de una obra maestra de la literatura como es “Los siete pilares de la sabiduría”, donde encontraremos al verdadero Lawrence, al margen de sus trajes blancos. Lawrence era ante todo un hombre humilde y muy culto, y en la película al margen de una frase de Temístocles no vemos su cultura por ningún lado, pero el cine tiene estas lagunas, ¿errores?, yo mas bien diría que nunca se debe enjuiciar un film que se basa en una obra literaria, el cine puede explicar con 5 minutos de imágenes, lo que un manuscrito relata en tres capítulos. Aún así, todo aficionado al cine debe no sólo verla sino tenerla en casa y poder visionarla cada cierto tiempo para comprender como se hace el cine, porque ante todo para mí "Lawrence de Arabia" es como estar en una escuela de cine y esa es la parte que más destaco, la gran utilidad de toda ella para entender el séptimo arte.

 

 



 

Si, estoy convencido, a mi juicio, y desde una perspectiva eminentemente estética, “Lawrence de Arabia” es la Capilla Sixtina del séptimo arte. Y que conste que no lo digo por las hipotéticas pretensiones artísticas de Lean. Lo expreso así, con tanta pasión y vehemencia, porque las imágenes de “Lawrence de Arabia” son tan poderosas que me cuesta horrores pensar en otro film que ilustre mejor el concepto clásico de belleza. Quizás por ello, si tuviéramos que elegir un solo film para mostrárselo a un profano en la materia, “Lawrence de Arabia” sería una opción difícilmente mejorable. Hago hincapié en el factor plástico o estético porque creo, sinceramente, que ése es el elemento fundamental de “Lawrence de Arabia”. Al fin y al cabo, el cine es lenguaje y arte. Y como forma de expresión artística -en este caso clásica, serena y equilibrada- “Lawrence de Arabia” raya la perfección. No pretendo con ello dejar en un segundo plano ese debate que siempre ha existido en torno al personaje de T. E. Lawrence, ¿aventurero?, ¿megalómano?, ¿déspota?. A mi, particularmente, me atrae mucho más el virtuosismo técnico, la creatividad pictórica y la visión panteísta de Lean. Una visión que podemos apreciar en las secuencias del desierto y que lejos de ser un mero telón de fondo de los acontecimientos, se convierte en el auténtico motor de toda la historia. Y aunque sé perfectamente que Films tan grandes como éste pueden acusar, en un momento dado, algún que otro problema de psicomotricidad...dejemos a un lado ese pensamiento y disfrutemos de la luz, el color y la melodía de la que es, posiblemente, la película más bella jamás filmada. La película lo tiene todo. Cada vez que veo algo de David Lean, el regusto que me queda es de admiración, de saber que estoy viendo "cine total", de saber que esta película no ha sido dada por concluida hasta que cada una de las partes que forman este enorme todo han sido pulidas hasta alcanzar su mejor versión. Todos y cada uno de los aspectos técnicos son colosales: fotografía, montaje, banda sonora, interpretaciones, guión, dirección... Todo está exprimido al máximo, es difícil hacer un mejor trabajo en cada uno de los apartados. Algunos impresentables críticos dijeron que era un tedio insufrible, pero yo que me tengo por un mitómano, cinéfilo y critico en la materia, me supuso una auténtica experiencia inolvidable, un constante babear delante de la pantalla; a veces sólo me faltaba levantarme del sofá y aplaudir a Lean, gritándole:

-"Otra vez Sir David!!!"... "Hazlo de nuevo!!!"...

Quiero ver la llegada de Sherif Alí...Quiero ver la sombra del hombre caminando sobre los vagones, convirtiéndose en dios...Quiero volver a ver como toman la ciudad, en uno de los planos más hermosos que haya visto en el cine. Con O'Toole...se me cayó todo al suelo y no volvió a su lugar de origen hasta el último segundo de cinta. Y ..Anthony Quinn...no se puede tener más carisma con nariz tan fea!!,, Está excepcional. Pero además, mi amado Omar Sharif...junto a Lawrence, el personaje más atractivo del film, el que conoce paso a paso las vivencias de éste, y posiblemente el único que asiste de verdad a su tormento y declive. Soberbio de pies a cabeza...Y como broche final, Alec Guinnes...que lo mismo te hace de Lord Inglés, que de príncipe árabe, que de general soviético, siempre con un mismo resultado...!!Fascinante!!. No por todo eso dejo de comprender que no es una película fácil de ver, pero no la descartéis por eso...Visionarla de nuevo, asistirás al mayor espectáculo que se puede presenciar en una pantalla de cine.


- !! PERFECTA !! -

 

DURANTE EL RODAJE

 


 

Lawrence de Arabia está entre las 10 mejores películas de todos los tiempos. Es una film único, irrepetible, grandioso, épico... pero es pequeño como cualquier película intimista... David Lean consigue no perderse en la historia, y nos muestra hasta el último recoveco del T.E Lawrence... un hombre que descubre en el desierto lo que no hay en Inglaterra, pero que el propio desierto le descubre el monstruo que puede llegar a ser, y que de héroe a villano solo hay un paso, y que nadie puede ser dios. No entiendo como a Sam Spiegel se le ocurrió producirla cuando no había ni mujeres ni acción, si no hombres, largas escenas de diálogos y cortas escenas de batalla. Gracias por arriesgarse señor Spiegel. Spielberg dice algo que yo siempre he pensado, y es que esta película cuenta con el mejor guión jamás escrito en cine. En ningún momento la historia se ralentiza, y todo transcurre de una forma rapidísima... algo que hay que destacar es el gran uso del montaje por parte de David Lean, y que sin duda alguna aprendió cuando el era montador en el período de entre guerras... como muestra, el célebre cambio de plano de la cerilla, para dar paso al fulgurante amanecer en el desierto, una cosa sencillamente increíble... y la banda sonora de Maurice Jarre es sencillamente inolvidable, algo realmente único... Una fotografía bestial, haciendo bello un paisaje donde no hay nada, absolutamente nada.... El propio personaje de Lawrence es lo mejor que se ha escrito en cine. Me apena mucho que Brando lo rechazase, pues un soberbio actor como él, hubiera dado mucho de si mismo, a pesar de esos rumores falsos relacionados con su presunta soberbia. Brando le habría otorgado otro carácter tímido, pero diferente... !!Lastima!! Es un personaje maravilloso, y el actor de ojos azules hace una de las mejores interpretaciones. Peter siempre es Lawrence, y Lawrence siempre es Peter. Tanto en su fase de semidios, como en la de ídolo derrotado, la interpretación es perfecta, y nos hace sentir pena por un pobre diablo que solo quería jugar a ser dios...

" Sólo hay dos clases de personas que se divierten en el desierto, los beduinos, y los dioses, y usted no es ninguno de ellos "- dice Anthony Quinn -
 

 


Uno nunca sabe qué película es la que le va a marcar, de la misma forma que nunca se sabe qué libro, qué melodía o qué persona perdurará en nuestra memoria para siempre. Yo nunca imaginaba que una película sobre Thomas Edward Lawrence, más conocido por Lawrence de Arabia, el coronel inglés del Departamento Árabe que, en plena Primera Guerra Mundial, contactó con los árabes y sus líderes, convenciéndolos de aunar fuerzas para combatir a los turcos, aliados de los alemanes, para mayor gloria del Imperio Británico, me marcaría en mis jóvenes años de la forma que lo hizo, hasta el punto que, para el resto de mi vida, este filme estaría en un lugar especial de mi mente de cinéfilo, más allá del bien y del mal. Esta película sobrepasa cualquier consideración que se le haga únicamente como "película de aventuras". No, es un error que siempre ha estado ahí. ¿"2001" es solo una película de ciencia-ficción?. ¿"El Padrino II" es solo una película de gángsters?. "Lawrence" no es, ni mucho menos, una más de tantas películas de aventuras. "Lawrence de Arabia" es el más brillante ejercicio de análisis del alma de un hombre, cristalizado en el paisaje y el ambiente que le rodea, que yo haya experimentado jamás. Quizá el verdadero T.E. Lawrence no fuera exactamente así. O no. Sospecho que las ardientes arenas del desierto deben de provocar algo más que fascinación cuando no has crecido entre ellas y te empeñas en amarlas y fundirte con ellas. En convertirte en beduino, como intentó Lawrence-O'Toole. David Lean nos advierte del precio que ello conlleva, entre otras muchas cosas. El director se atreve, como nunca antes se había hecho, a dotar de relecturas psicológicas y reflexiones acerca de las transformaciones de personas corrientes en héroes y mitos; y todo ello desde el marco de la más ambiciosa y colosal producción. Eso es lo más impresionante de Lean, algo que ya nunca volvió a conseguir después "Doctor Zhivago", obra maestra también, fue masacrada por la crítica de la época, más pendiente entonces de Godard y sus rompedores films.

Los árabes no han encontrado mejor retrato sutil del carácter árabe que en el desdoblamiento de dos personajes claves en el filme. Feisal,  inteligente, astuto y cultivado príncipe y Auda, volcánico, apegado a la tierra y a su tribu, dos caras de la misma moneda, encarnadosen dos actores en estado de gracia permanente, Alec Guinness y Anthony Quinn. Y entre ellos, Alí, un personaje que es Arabia personificada, con un pie en la modernidad. en el futuro, y otro en el apegamiento a su tierra y a sus tradiciones. Otra faceta sublime más de la película. Me dejo la parte política, que aunque certeramente planteada, mucho anglo centrismo de Lean, pero su crítica a las potencias extranjeras que se repartieron el pastel de Arabia, es quizá la menos desarrollada del filme. El protagonismo de esta obra de arte en movimiento pertenece al desierto y a su protagonista. Hablar de la fotografía de Freddie Young y de la música de Maurice Jarre supondría escribir una tesis completa de cada una, así que limitaré a apuntar brevemente que, 50 años de efectos especiales y tecnología después, no han logrado nunca igualar la maestría de Young y Jarre, ni se conseguirá jamás, como no se ha hecho nada parecido a las esculturas de Miguel Ángel o los lienzos de Velázquez. David Lean no tendrá ochenta libros dedicados a su vida y obra como Wilder, Cukor o Woody Allen, pero siempre tendrá la convicción de este maduro cinéfilo, que siempre tendrá presente que, con "Lawrence de Arabia", el cine alcanzó la mayor altura de su historia. El cine de la actualidad muchas veces es insufrible, pueril, superficial, prefabricado, de bajo calado intelectual y emocional... Incluidas las películas europeas de bajo presupuesto y el denominado cine independiente o cine que está fuera de círculos comerciales: no sé que es peor, si el cine desastroso en todos los sentidos antes descrito o el mismo cine pero con pretensiones. El cine es fantasía más o menos verosímil, por contra hoy se empeñan algunos en creer que hacer buen cine es mostrar la realidad en su manera más cruda y descarnada: eso no es cine, el cine es ficción, para ver la realidad no es necesario ir al cine: esta corriente es fruto de cineastas limitados que no son capaces de aportar un enfoque original a sus historias ni dotarlas de eficacia universal: Dentro de esta fantasía que es el cine se encuentra Lawrence de Arabia, cabalgando por las dunas de Arabia, jefes de tribus autóctonas en una guerra fraticida, conspiraciones políticas, hombres íntegros, violencia desenfrenada y sobre todo el romanticismo intangible del desierto, la belleza más paradójica jamás filmada. La escena de la cerilla fusionándose con el esplendor del sol, la loca matanza indiscriminada de prisioneros, el interrogatorio del reprimido oficial turco, la luz somnolienta del sol, los camellos transitando por la lejanía o la toma de Akabah, secuencia increíblemente bien planificada, es una muestra de simplicidad y elegancia. La maestría de David Lean, excepcional realizador que llegaría pletórico a su retirada con la Hija de Ryan de 1970, en parte forzada por algunos productores insoportables que no le concedieron crear nada después de su inolvidable Breve encuentro.




Una película de escenarios deslumbrantes, espacios en su mayoría abiertos y libres entre los que predomina, cómo no, el desierto luminoso y limpio, donde transcurre una de las escenas más espectaculares que el Cine ha podido crear: el casi espejismo de la aparición de Alí. El tiempo se desplaza, detenido, expectante, no hay prisa ninguna en ese horizonte de dunas blancas. Esas cosas ya no se hacen. Diálogos geniales, alta literatura que enriquece de un modo incalculable la historia y los personajes; cada frase suma valor a la película, porque está dicha con un propósito constructivo, explicativo, fascinador, especialmente si quien habla es el mítico Lawrence. Obra cumbre imperecedera donde la política, la Historia, la guerra, el Hombre, los sueños y el ánimo aventurero forman una unidad compacta inolvidable. Asómate al abismo de los ídolos. No querrás salir de él. Una obra memorable, inmensa, fantástica y a la vez real, papable, que llega a sentirse tan propia como si cada uno de nosotros fuéramos los que nos calzamos la túnica haciendo hasta lo imposible para ayudar a ese pueblo tan castigado y dominado durante miles de años. Lawrence de Arabia no es la historia de un hombre que se hizo héroe por sus legendarias victorias, sino la de un héroe que se creía un simple hombre presa de sus derrotas internas.

Lawrence de Arabia fue la triunfadora del cine mundial el año 1962. Hoy, posiblemente, no sería tanto. No por haber envejecido mal, no, no es por eso. El problema es que hoy el cine se ha convertido en otra cosa. Hoy, las grandes superproducciones son grandes negocios construidos desde el alarde técnico y la espectacularidad de los efectos especiales y visuales. Hoy, los grandes repartos no tienen porque ser los compuestos por grandes actores. Basta con que sean famosos y bellos. Hoy, los guiones huyen de la profundidad para ser accesibles a cualquiera, lo que resulta aburrido y, casi, patético. Por supuesto, aún se encuentran excepciones que reconcilian con el cine. Pero es apabullante el número de películas que nacen de subvenciones y negocios fuera del cine que se enfrentan al propio cine. Esta vez tenemos un film que narra dos historias fundamentales. La de la independencia del pueblo árabe y la de la independencia de un hombre. La primera llena de batallas en las que los árabes intentan acabar con el poder turco. La segunda llena de batallas de Lawrence contra sí mismo. Es esta zona expositiva, sin duda alguna, la más importante de la narración. La película es el personaje, el escenario, un desierto que es fundamental, un pueblo árabe que busca su propia identidad recuperando....Todo esto es necesario para entender el conjunto, pero no dejan de ser complementos, elementos en los que se apoya el guionista para explicar el carácter de Lawrence, su forma de vida. Lawrence de Arabia es un peliculón en todos los sentidos. La duración alcanza los 217 minutos, la ambición de su estructura es grandiosa, la historia que cuenta roza lo mitológico en su afán por buscar llegar a la conmoción interna del espectador cuando se encuentra frente a problemas que le tocan de cerca. También, la cantidad de extras es extraordinaria, los escenarios y su envergadura insólitos, el despliegue de medios técnicos deslumbrante. Un reparto que tira de espaldas por completo. Es un film deslumbrante en la que el espectador va asimilando ese desierto infinito y lo que va pasando en él. Aunque esta película es el personaje rodeado de lo demás. Lawrence es ambiguo. Busca la excelencia sabiéndose limitado. Hace algunas cosas para ser adorado y, al mismo tiempo, busca la libertad y el progreso de un pueblo entero; es entrañable y cruel; ama y desprecia la misma cosa; llora la muerte de una persona cuando, minutos después, provoca la de cientos. Sueña ser lo imposible por lo que sufre de principio a fin. Lawrence quiere inventar un mundo que ya existe desde el principio. Es anárquico y asume su rango en el ejército. Busca la utopía y se topa consigo mismo a cada paso que da. Pero el gran problema de este personaje es que lo encarna un actor que, en aquellos años, carecía de experiencia, Peter O’Toole. Una de las cosas más notables de la película es la puesta en escena. Actualmente, casi nadie se refiere a algo tan importante como esto. Cada encuadre, todo el diseño, con los escenarios al servicio del relato y de la evolución de los personajes, se convierte en una demostración extraordinaria de buena narración y, sobre todo, de como hacerlo. Fantástico, de verdad.


Acompaña, en sus diferentes variantes, desde el principio hasta el final, matizando con pulcritud cada imagen, haciendo grande lo que podría pasar desapercibido. Fascinante es la muestra que nos llega con la película de lo que supone el choque de culturas. Lo que parece salvaje contrapuesto a una educación exquisita que resulta ser atroz. El desprecio del occidental que va cavando su propia tumba frente a lo hostil del entorno y del que lo ocupa. Lo que supone un disfraz que termina cayendo por su propio peso. Y esto lo avisa uno de los personajes al comenzar la película: ¿Era para tanto esto de Lawrence? Usted debe sacar sus propias conclusiones. Pero para ello debe sentarse frente a la pantalla con tiempo y dejarse cubrir por la arena del desierto.

 

 


Cuando uno ve por primera vez Lawrence de Arabia debe abrir bien los ojos y los oídos, porque nunca más volverá a contemplar por primera vez un espectáculo visual de tal elegancia. No es una película de aventuras, es una consecución de fotogramas maestros. Mi consejo es que pongan la mente en blanco y se dejen llevar por esos movimientos sinuosos de los camellos por las dunas, esos planos de gran angular, y esa maravillosa melodía de Maurice Jarre, que lo envuelve todo de placer. Cuando uno escucha esa película, es cuando se da cuenta de que el buen cine clásico murió hace mucho tiempo. No cabe duda de que Lawrence de Arabia es historia viva del cine pero en mayúsculas. Una gran producción de las de antes, que se da la mano con LOS DIEZ MANDAMIENTOS, BEN-HUR, CLEOPATRA Y DOCTOR ZHIVAGO, llena de lujo, de sabor a aventura clásica, añeja, con multitud de grandes nombres del Séptimo Arte.

 

 


Lawrence de Arabia es un clásico entre clásicos, una extraordinaria película de aventuras y hay que volverla a ver.

Resumiendo:

  !! Una obra maestra del cine clásico !!.