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VÉRTIGO

 

Una obra maestra de Alfred Hitchcock

 

 

 

 

 

 !! QUE GRANDE ES EL CINE MAESTRO......QUE GRANDE !!

 

 

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Ningún hombre de mi generación se libró de la sexualidad, los encantos y la belleza que Kim Novak trasmitía, bailando con William Holden en aquella soberbia película.. !! PICNIC !! ...quedando prendados para toda la vida. El magnetismo de un rostro y esa mirada insinuante fue compañera de nuestros mas ocultos e íntimos deseos, grabándose con letras de oro en nuestra mente de hombre y amante del cine. Kim ha sido la protagonista de mil sueños inalcanzables y en VÉRTIGO, con la ayuda de un maestro como Alfred Hitchcock, esos sueños vuelven a cobrar vida siempre que visionamos este clásico, considerado como el film mas importante de toda la Historia del Cine.

 

 

Pensar que esta película fue rodada hace 58 años y todavía no pierde vigencia, me hace ver que sería necesario que los directores de esta época se nutran de películas como esta para no defraudarnos más con historias simples, sin argumento, que tienen como único fin recaudar dinero. A pesar de que se filman buenas películas, creo que el 70% deja mucho que desear y no se acerca en lo más mínimo a la genialidad de la obra del mago del suspense. Hitchcock nos presenta una historia que parece simple: un policía retirado que debe vigilar la esposa de un amigo... Pero desarrolla el guión de tal forma que nos va atrapando cada minuto que pasa y a pesar de ser una la idea principal, en nuestra cabeza se tejen innumerables incógnitas. Con esta película, Alfred da una clase magistral de como utilizar un reparto escaso en cantidad pero enorme en calidad. Además no le es necesario crear una intriga insostenible, sino que el suspense se genera espontáneamente por el espectador a ver las escenas. Sinceramente y con la mano en el corazón, es una película que yo recomiendo para los amantes del suspense, la intriga y el buen cine, créanme que no los va a defraudar. Tras revisar Vértigo con una lectura más profunda, es imposible dejar de cuestionarse los supuestos logros argumentales de los trhillers psicológicos actuales. Películas que nos maravillan con sus inesperados giros de guión, donde nada acaba siendo lo que parece y donde el personaje principal sucumbe ante una crisis mental que le está alejando de una realidad que sólo el espectador cree conocer. Hace más de cuarenta y cinco años Hitchcock cocinaba con ese material, y es en Vértigo donde se reta a sí mismo para hacer una de sus películas más personales y autobiográficas desde el punto de vista de sus obsesiones, miedos y fantasmas. Vértigo lo tiene todo. Técnicamente es una película virtuosa y preciosista. Mimada y pensada hasta el último detalle, obsesiva como su protagonista y como su realizador. Sólo cabe pensar en Kubrick como alguien tan o más obsesivo en cuanto a la puesta en escena se refiere, como parte fundamental de la historia, que esconde y moldea entre líneas las claves para acercarse a lo pretendido por el autor haciendo de lo puramente visual y escenográfico un pulso de interactividad con el espectador. Vértigo es además una película tramposa en el mejor sentido de la palabra. Un thriller policíaco que sirve de Mcguffin tras el que se esconde una historia de amor macabra y enfermiza. Esta vez Hitchock, huyendo de sí mismo, despoja la película de todo arquetipo y artificio de suspense al que tenía acostumbrado a su público. Y de forma deliberada va desvelando la supuesta trama principal que preocupa al espectador. La del relato policíaco, la de las identidades, la de “descubre al asesino”.., para quedarse con lo que al él realmente le inquieta y que ya nos introduce en el primer acto, mientras Scottie sigue durante quince minutos de metraje en silencio, los pasos de Madeleine; Una mórbida obsesión, una atracción irrefrenable hacia el objeto de deseo, una mujer que no existe, un amor inalcanzable, por etéreo e imaginario, por frío y misterioso, como esa rubia fatal que siempre inspiró al director. Con una banda sonora magnifica y que ha servido de inspiración en todos los compositores de cine actuales, homenajeada y copiada hasta la saciedad, Vértigo es una película moderna y adelantada a su tiempo. Censurada en parte, por lo necrófilo y adultero. Criticada por sus cepos y sus desentramados, ambigua por la psicología de su personaje principal, misógino y deshumanizado por momentos y su desasosegante objeto de deseo que no se ajusta a lo habitual o a lo políticamente correcto.
Hoy Vértigo es un verdadero manual de cine. Un lienzo de obligada revisión, en el que se aprende, se reflexiona y lo más importante, se nos invita a experimentar esa extraña y desconcertante sensación de atracción y miedo al unísono que es el vértigo y que por qué no.... también son nuestros objetos de deseo.

 

 



Este articulo más que una crítica de Vértigo es un comentario general sobre Hitchcock, que he decidido incluir en mi website CINEPARAISO, por ser esta una de sus mayores obras. Quiero aclarar que todo lo que digo a continuación es desde el mayor de los respetos, pero me gustaría discutir ciertas opiniones de algunas personas que utilizan lenguaje despectivo hacia Hitchcock, dando a entender que le valoramos por fama o porque hay que hacerlo. Pues bien, me parece bastante intransigente y equivocado no admitir que haya gente que sepa apreciar el ingenio y la categoría de este grandísimo director de cine. Repito, pongo este comentario, precisamente en una de sus películas que a mí me parece toda una obra maestra y ensalzada por la crítica. Según los comentarios negativos, parece que sólo su opinión es la buena y los demás nos dedicamos a decir lo que hemos leído u oído de otros. Pues bien señores, para mí el que critica de manera despectiva, no decir que no le gusta , sino ridiculizar con motes, al creador de estos títulos memorables: Con la muerte en los talones, La ventana indiscreta, Psicosis, Los pájaros, Encadenados, Rebeca y muchas otras, no tiene ni idea de cine. A ello, yo respondo que , en primer lugar, divierte a mucha gente y, en segundo, el cine es imagen por encima de diálogos. No digo con esto, que no me encanten y admire a cineastas como Billy Wilder, otro genio, que basan sus películas en magníficos guiones, me parecen tan buenos como Hitchcock, pero el dominio que el inglés tenía de la imagen lo he visto en muy poquitos más como Ford. Así que, concluyendo, lo que quiero decir, es que parece muy fácil cebarse con un cineasta, simplemente porque no se comparte su forma de ver este arte o bien, por dárselas de falsos entendidos en cine. Hitchcock era un genio muy perverso. Y eso es de las cosas que más me gustan de él. No sólo llena su cine de esa perversión, a veces muy explícita, la mayoría tan sugerente como atractiva, sino que me la contagia, me saca mis instintos más básicos y me fascina. VÉRTIGO es una sucesión de perversiones, perversiones pasionales, con ánimo de lucro, enfermas, irracionales, todas ellas con un solo propósito, la fascinación.


VÉRTIGO se divide en dos partes claramente diferenciadas. La primera es la que creemos que todo es real, sin embargo todo es apariencia, salvo la obsesión que permanece en el personaje de Stewart, y la segunda es en la que Hitchcock nos desvela sabiamente que todo es apariencia, sin embargo ahí es cuando descubrimos que el poder de la película hasta ahora era sólo la punta del iceberg. La atmósfera de esta película es de una fuerza vampírica, emerge de la propia pantalla para absorber casi todo el raciocinio que pretenda volcar para meternos en ese tortuoso pasillo de espejos, de apariencias, un pasillo mágico y recóndito.  Hitchcock hace unas trampas, y se lo perdono porque la trama queda casi por completo eclipsada por su ambiente  indescriptible, pero al que tengo claro que ayuda la magistral partitura de Herrman, los títulos de crédito, la impecable fotografía, y sin duda lo más importante, el rostro, los andares y toda la figura de una excepcional actriz: Kim Novak. La escena del beso es una de las mejores de la historia del cine. Es la que resume toda la esencia del film, Hitchcock gira ante ese torrente de magia, fascinación, pasiones, perversión en el que podemos observar como los fantasmas que han poseído a Stewart se liberan en la duración de ese beso, y como Novak le atrapa y le chupa la sangre, y la música acompasando todo este baile de máscaras.

 

 

No es posible otro final para esta obra de culto, tiene que acabar así. No hay "happy ending" posible.... Stewart ha sido curado de espanto, ya es inmune, le han arruinado la vida. Lo que no le perdono al maestro es la forma tan atropellada con que me lo cuenta, porque eso me hizo despertar del fascinante trance incómodamente, y la magia desparece en parte. No todos poseemos, lógicamente, la capacidad y el discernimiento necesario para desmenuzar obras maestras del calibre de “Vértigo”. Hitchcock, su arquitecto, construye una espiral de fascinación tan imponderable que resulta extremadamente complicado sintetizar en pocas palabras el formidable caudal de contenidos y sensaciones que entraña un film como este. Me limitaré, por lo tanto, a incidir en la vertiente que me parece más sugerente: como por ejemplo la pasión que suscita Madeleine en Scottie Ferguson. Creo que, al margen de las numerosas resonancias literarias y filosóficas que desprende “Vertigo”, es fundamentalmente el complejo retrato de una obsesión que trasciende cualquier parecido con una historia de amor convencional y que revela la tremenda fragilidad existencial del ser humano. Todos nos hemos sentido alguna vez en la piel de Scottie. Subyugados por una mujer que encarnaba nuestros ideales más quiméricos, nuestras expectativas más inverosímiles, nuestros sueños más sublimes. Una mujer que creímos tener a nuestro alcance pero que acabó desvaneciéndose como un fantasma. Una mujer cuya magia pervivirá por siempre en nuestro pecho. Una mujer que nos hará felices y desdichados hasta el fin de nuestros días.

La película combina drama psicológico, misterio, thriller y romance. Madeleine encarna el prototipo de mujer que fascina al realizador: rubia, distante, fría, sobria, seductora y atractiva. Es la esencia de la mujer hitchcockiana, que el realizador define, según los biógrafos, a partir de su amor imposible por Grace Kelly. El film es fruto de un trabajo intenso y detallado, en el que se hace uso del miedo, la ansiedad, el misterio, sueños y pesadillas, obsesiones, la transformación de la realidad, los impulsos oscuros y el deseo del ser humano. Contiene escenas de gran intensidad dramática y emocional, como corresponde a una exploración de la profunda desolación del protagonista y la decepción de la chica. Ha sido homenajeado, adaptado e imitado en numerosas ocasiones. Es memorable el beso apasionado en el hotel, mientras la cámara rodea a la pareja. La narración, de ritmo pausado, está hecha desde el punto de vista de Scottie. Las enigmáticas referencias a la frigidez/impotencia de John incrementan el misterio de la obra. La música, de Bernard Herrmann, muy emotiva, consta de 18 cortes. Destacan "Preludio", "El sueño" y "Escena de amor", que acompaña al beso de Judy a John. La partitura ofrece composiciones inquietantes, románticas y melancólicas, de aires propios de las músicas del siglo XX. Las primeras apariciones de Madeleine se acompañan de melodías suaves, lentas y sensuales. La fotografía, de Robert Burks, en vista visión y color, aporta un largo elenco de imágenes fascinantes, de excelente factura. Es curiosa la utilización del zoom más travelling hacia atrás en las escenas de vértigo. El cromatismo predominante, verde y rojo, da paso en ocasiones a coloraciones intensamente azuladas. Son notables las imágenes del bosque milenario de "sequoia sempervivens" en el Big Basin Redwoods State Park, del ascenso de John con Madeleine en brazos tras rescatarla del mar, de John colgado sobre el vacío asido del tejado. Para mi, esta película forma parte del "quinteto" de las mejores películas de Hitchcock; las otras cuatro son, "Rebeca", "La ventana indiscreta", "Con la muerte en los talones" y "Psicosis". VÉRTIGO es la obra más "libre" del maestro inglés, que se permitió plasmar de manera desinhibida, en poca más de dos horas de metraje, sus fobias, sus sueños, sus deseos y frustraciones, haciendo el mas personal de sus trabajos. Kim Novak, aún encontrándola gélida en algunos planos, da muy bien el corte de la "rubia" que en esta ocasión requería el film. En definitiva, una película de visionado imprescindible, con una trama sólida, bien construida, con un tratamiento de actores clásico, un guión impecable, y una música excelente.

 

 

 

 

¿Es posible enamorarse de un sueño? ¿De algo que realmente no existe pero queremos, anhelamos y necesitamos para sobrevivir? Los espectadores nos enamoramos de proyecciones, de espejismos, de una mentira conocida que aceptamos como verdad, que nos arrastra y conmueve, que nos engaña y seduce, que deseamos revelar y descubrir sus secretos, para hacernos descender en la interminable espiral. El cine siempre ha sido un truco de hipnosis, del artificio de lo invisible y “Vértigo” la magia que salió de la chistera de Alfred Hitchcock. Como suele ocurrir en estos casos su camino y creación parecen ahora procedentes de un rocambolesco destino. Hitchcock quiso hacerse con los derechos de la novela de Pierre Boileau y Thomas Narcejac que finalmente adaptaría H.G. Clouzot en una de las cumbres del cine de suspense “Las diabólicas”. Los autores recompensaron al mítico director escribiendo DE ENTRE LOS MUERTOS y ofreciendo los derechos a Paramount para que fuera llevada a la pantalla por él.

 

Esa catarsis del cine, el destino y la hipnosis la convierte en un ejercicio de prestidigitación: ¿No es el cine un espacio limitado en el que quedan atrapados sus personajes? ¿En el que están condenados a volver a asomarse y caer por el abismo? ¿A resurgir nuevamente de sus cenizas para volver a repetir el proceso? Woody Allen en “La rosa púrpura del Cairo” jugó con una posibilidad de escape ante ese trágico e interminable destino y espiral, pero “Vértigo” se centra en el ritual del proceso y del avance hacía la caída. Ensombrecida y espectral, recubierta por un halo de necrofilia y bucles infinitos, el destino en caída libre marcando la gravedad y precio de enamorarse de algo que no existe. La trama policial acaba siendo un mero pretexto para centrarse en ese obsesivo, fetichista y necrofílico amor. Realmente “Vértigo” es un drama romántico en plenitud y tragedia. La muerte y el amor arrastran la marea del suspense, lo anulan hasta darle el toque de gracia. Ese fue el motivo por el que Hitchcock da una estacada mortal a la incertidumbre y decide desvelar el misterio para que nos centremos en las dudas de esos seres perdidos en esa espiral en la que están atrapados sus destinos. El miedo a aceptar el sino se impone: todos estamos suspendidos y aferrándonos a la vida y mirando en la distancia a la muerte, guiados como Scottie por señales que nos conducen a través de lo fortuito. Tal vez el título original de la novela: DE ENTRE LOS MUERTOS, sea el más apropiado para entender esta obra maestra. Volver de entre los muertos, como Scottie, como Madeleine, como San Francisco, como los espectadores que quedan tan desamparados como su protagonista. Porque hagamos lo que hagamos siempre caeremos…… y volveremos a caer… Para mí es la mejor película de ese gran mago llamado Alfred Hitchcock. Una película capaz de engancharte como pocas. Una genialidad del maestro del suspense. Hitchcock nos revela la verdad de lo que ha ocurrido mucho antes del final y por eso el espectador sabe más que el protagonista. Curiosa fórmula pero eficaz, muy eficaz porqué quedamos ansiosos de saber que es lo que pasará. ¿Cómo descubrirá James Stewart la verdad?. Además la historia está contada con el ritmo trepidante tan característico de las películas de este director. Ningún detalle es en vano, todo tiene su significado y su importancia. La obsesión del personaje protagonista es un reflejo de la personalidad del director y pocos actores serían capaces de plasmar esto como lo hace James Stewart en la cuarta y última colaboración con Hitchcock. En cuanto a Kim Novak, decir que posiblemente no haya hecho una actuación en toda su carrera tan buena como esta. Sería la única vez que trabajaría con el director y por lo que parece la relación entre ellos no fue del todo cordial, pero nadie lo diría viendo el resultado. Como curiosidad decir que tuvo criticas de distintos colores, pero con el tiempo ha conseguido convertirse en una joya imperecedera y una de las obras más significativas y valoradas de la extensa filmografía de Alfred Hitchcock. Además, bajo mi punto de vista, podemos encontrar una de las escenas mas bellas del cine. Se trata de la secuencia en la habitación del hotel con la transformación de Kim Novak, esa luz verde y ese beso de los protagonistas con la cámara girando alrededor de ellos. Impresionante.

 

 



Inventor de la disciplina de las relaciones públicas y culpable de hacer de las mujeres adictas a la nicotina y de los niños comedores de jabón, Edgar Bernays era, además de muy avezado y un tanto cínico, sobrino de Sigmund Freud. Alfred Hitchcock, un tanto avezado y también un cínico, llevará la teoría de la propaganda y el psicoanálisis a la práctica cinematográfica, consolidando así una forma propia de entender el cine y un fenómeno perverso-pedagógico sin parangón. Porque, como decía Él Mismo:

-" Este condicionamiento del público es la base misma de la creación del suspense "-

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El cine de Sir Alfred es una repetición traumática con variaciones. Así, muchas de sus primeras obras caen bajo la temática del “falso culpable” y “la caza al hombre”, temas recurrentes de su filmografía británica y parte de la americana. En ello se ve un trasunto del acomplejado sujeto freudiano, asediado por los fantasmas del pasado o un sentimiento de culpabilidad del que desconoce el origen. La trama, como la cura psicoanalítica, es el trabajo y el viaje por lograr el sentido, la cadena significante o el orden simbólico. Sin embargo, y evolucionando a la par que la propia teoría, el cine de Hitchcock tomaría un rumbo, si cabe, más psicológico, sobre todo a partir de 1944, cuando rueda: “Recuerda”, que ha pasado a la historia más por la exigua participación de Dalí que por su propia valía. Así en la década de los 50, algunos de los trabajos de Hithcock proponen un estudio de lo que vamos a llamar, el sujeto roto: VÉRTIGO, que lleva el subtítulo “de entre los muertos”, va más allá de la semiótica de la mirada perversa para introducirse en el análisis del amor. Es un terreno fecundo en el que germinan, de forma inconsciente, las ideas de Hitchcock, ese terror de las rubias, sobre el amor entre un hombre y una mujer. Es sabido que esta era una historia escrita muy especialmente para Sir Alfred por los autores Boileau y Narcejac. Y que, exceptuando algún problema de verosimilitud, algo que normalmente no quitaba el sueño a Hitchcock, era una de sus películas favoritas. El film no es sino una explicación del amor masculino, pero de cierto amor: de aquel que busca “mujeres de mundo, verdaderas damas que se transformarán en prostitutas en el dormitorio”. Así, se puede seguir el circuito del deseo masculino como un goce que da Forma, como un significante amo. Es por eso, en este sentido, que la mujer no existe. Es sólo una fantasía del deseo masculino. El goce, en sí una inmensa nada que fluye libre, cumple aquí el papel y es un objeto intercambiable que hace que circule el deseo de los personajes y así avance la trama. Por ello, “Vértigo” es una película depurada, en la que la forma tan querida por Hitchcock llega casi a los niveles del pensamiento. Finalmente, se diría, el verdadero McGuffin, no un objeto/fetiche, es el cuerpo de Kim Novak. Cuerpo no de mujer sino de persona. Cuerpo que la mirada del hombre trocea con su deseo. Una cabeza, una mano, un trasero, un pelo rubio. El ideal de la puta de Hitchcock repetido en cada uno de sus filmes. Es sabido que aquí quería a Vera Miles, pero esta se transformó en madre y entonces Sir Alfred la perdió. Es sabido que Kim Novak no llevaba sujetador, que en la primera escena Stewart, en la tienda de su amiga/madre, cuyo deseo o feminidad no existe, ve uno rosa y se espanta. Lo Real del cuerpo de la mujer aparece en un objeto repugnante. Lo Real de Kim Novak es Kim Novak: la que Hitchcock rechazaba, pero la convirtió en su mujer ideal, pegada en la pared, “pasional y salvaje”, - que diría Truffaut -. Porque la mujer no existe,  lo que existe es Kim Novak sin sostén. Un apunte...Aquí la mujer es un síntoma del hombre, puede repetirse como: tampoco la historia del cine no existe… Habría que preguntarse por qué?.

Vértigo no trata sólo de la acrofobia, que desde las primeras imágenes padece Scottie, un magistral James Stewart, sino de un vértigo mucho más oculto y mental, el vértigo de la creación, mejor dicho, de la recreación. La verdadera historia de la película, la más importante empieza cuando el espectador no advertido cree que se ha terminado con la muerte de Madeleine. Hitchcock obeso y obseso habla de necrofilia, pero no es sólo necrofilia lo que mueve a Scottie, sino la melancolía de la ausencia, que le impide aceptar vivir sin Madelaine y por eso la busca en todas partes. Pero no la quiere muerta, la quiere viva; por eso, cuando encuentra a Judy piensa que la ha reencontrado. Vértigo es como un sueño que nos arrastra en sus espirales desde los famosos títulos de crédito, sus tiempos son dramáticos y no tienen una relación con el tiempo real. Tanto la rubia y misteriosa Madeleine como la pelirroja y sensual Judy, una fascinante Kim Novak, no sólo engaña y enamora a Scottie, sino al espectador que la sigue fascinado y se desespera junto con él. Si el cine es el arte de lo imaginario, pocas veces sueño y realidad habían sido objeto de un tratamiento tan obsesivo como el que ofrece Hitchcock en Vértigo. Consiguió una obra maestra de irrefrenable belleza visual, pero también una película inquietante sobre el amor y la pasión. Sobre cual es la mejor película de Alfred Hitchcock se podrían establecer debates eternos. Pero que Vértigo es su obra más influyente no ofrece ninguna duda. Sobre todo si se analizan las múltiples influencias que ha originado en cineastas actuales. Ejemplos ilustrativos de ello podrían ser, por ejemplo, la primera secuencia de la película, de la cual se inspiración para su apertura en Matrix, la primera escena en la catedral, que Burton reflejó en Batman, pero sobre todo la clara influencia tanto de giro de guión como en lo concerniente a ambientación que David Lynch ha aplicado en sus películas. Más allá de estas influencias, Vértigo destaca por su enorme complejidad, por la cantidad de elementos subterráneos, significados ocultos que se intuyen pero no se muestran, en definitiva, por su capacidad de mantener hipnotizado al espectador con sus recovecos argumentales y su ambientación abigarrada y onírica mientras distrae de su significado más profundo. Es una película a la que se le pueden dar múltiples interpretaciones, incluso necrofílicas, pero en el fondo se podría hablar de un film de tintes autobiográficos. Cuando Hitchcock declaró años más tarde que Cary Grant era el hombre que desearía ser y James Stewart el que en realidad era, desveló, aún sin saberlo, muchas de las claves de lo ocurrido en pantalla.

 

 

DANDO INSTRUCCIONES A SU ACTRIZ PRINCIPAL

 



Sólo hay que analizar el comportamiento del protagonista para atar cabos. Un hombre solitario, con talento en su trabajo, que acaba abocado a una obsesión por una mujer y su deseo de transformar al resto en una imagen perfecta de ella. Ahora pensemos en el comportamiento del director con sus actrices. Se obsesiona con ellas, les impone el vestuario de forma fetichista, siempre busca un mismo tipo femenino, rubias, elegantes, con aire distante y cierta ingenuidad,  las adula y seduce para obtener su aprobación y cuando muestran rechazo, se comporta de forma tiránica frente a ellas. Este autoanálisis encuentra su mejor baza en la plasmación visual del film, donde la sensación de irrealidad prácticamente es palpable y donde cada plano muestra una estilización casi manierista de las sensaciones del protagonista: los intrincados decorados del hotel, donde se refleja la angustia, un laberíntico e inacabable bosque, donde el miedo a la pérdida se mezcla con una estructura de árboles enmarañados, o la soledad del museo. Incluso hay que prestar atención a la primera escena romántica del film, donde la banda sonora aumenta su volumen quedando remarcada por el rompimiento de una ola, recurso que, a todas luces, expresa el deseo interior idealizado de una relación amorosa. Pero el detalle definitivo es la quiebra de uno de los principios básicos de la filmografía del director. En las películas de Hitchcock siempre hay castigo para el villano, para el delincuente. Curiosamente, en ésta sale impune, pero ¿es realmente así? A tenor de la trama, es algo que parece fuera de duda, pero en realidad, siendo la principal víctima James Stewart, asistimos a un acto de contrición, una suerte de autoflagelación, un castigo hecho película donde el director inglés reconoce sus pecados y admite su destino futuro de soledad. Una forma curiosa de penitencia, más aún cuando no lleva el deseo expreso de cambiar. Un exorcismo que le llevará a superar el vértigo de la mirada interior, aunque sea a costa de exponer sus trapos sucios.


Algunos críticos especializados, como el director François Truffaut, que llegó a conocer de cerca a Hitchcock y a quien le realizó una extensa entrevista; calificó VÉRTIGO como una de las mejores películas que se hayan hecho nunca. Sus films mantienen la atención del público, son retorcidos, intrigantes, con mensajes subliminales y símbolos no fáciles de descifrar. No hay duda que VÉRTIGO es la propuesta más interesante que haya realizado el director de LOS PÁJAROS. De ella se han escrito ríos de tinta, donde se pueden extraer una serie de elementos dignos de profundos análisis. Como por ejemplo, el tema de resucitar la imagen de la persona amada: Madeleine, y algo relacionado a la necrofilia o tener relaciones sexuales con los muertos. También está la angustia por la falsa culpabilidad de sus personajes y sus deseos reprimidos. Pero yo lo que encuentro más interesante, es el elemento revelador, que se muestra indirectamente en la cinta. Tanto el protagonista Scottie, como su director, comparten la idea de reconstruir a la rubia perfecta, de donde no existe. Lo cual se transformaría en una obsesión para Hitchcock, durante toda su carrera. La rubia por excelencia de Hitch. Hermosa e inteligente, pero algo fría, calculadora y misteriosa. Esto por primera vez lo muestra en la pantalla el creador de MARNIE, LA LADRONA sin ningún disimulo. Cambia el color del pelo, el maquillaje, hasta la forma de vestir y caminar de Novak, todos los detalles que encuentra correctos, para recuperar a la actriz perfecta, que por diferentes motivos alguna vez perdió en papeles encarnados por las actrices Ingrid Bergman, Grace Kelly y Tippi Hedren... El tema de la acrofobia, vértigo y obsesiones con fantasmas del pasado, son excusas que utilizo el maestro del suspense, para mostrar su verdadero rostro. Un film, cien por cien imprescindible para cinéfilos y fans de Alfred Hitchcock. Existe en la película una atmósfera melancólica que atrapa, y te lleva a hombros de Scottie a cada uno de los rincones por donde transita, en principio, la apacible vida del solterón y retirado detective de la policía de San Francisco; como si el otoño se hubiera adelantado y a nuestro protagonista, buen hombre y buen amigo, le empezaran a sobrar paseos por las doradas alfombras que las hojas han trenzado en los parques de la cálida ciudad californiana. Y aunque atractivo y divertido es el caminar pausado, observar la frontera que marcan las faldas a media pantorrilla y las rectas costuras de las medias, eludir las insinuaciones de la mujer que quieres por cómplice y hermana…., un hombre de acción necesita de otros alicientes. Al menos eso debió pensar Scottie cuando su antiguo compañero de colegio, Gavin Elster, le encomienda vigilar a su esposa Madeleine que siente una atracción especial hacia la llamada de sus antecesores muertos. Lo que no le había contado su compinche de pantalón corto es que la mujer de nombre francés es una elegante preciosidad de cabello de plata y mirada de gacela herida. Y sin querer llega el amor; y tras él la ceguera, la pasión, el dolor, la traición…..; y el tranquilo, afable y caballeroso señor Fergusson alarga el gesto,  y comienza a ver lejos lo que antes era próximo y experimenta ese otro vértigo eterno, como sed infinita, como remolino inacabable, que durará hasta que el maestro de los maestros del suspense, Alfred Hitchcock, grite ¡corten!, poniendo así fin a la pesadilla.

 

 



La maestría de Hitchcock, nos transporta en esta película a un sueño, pero pronto se difumina de la trama inicial para sumergirnos en un mundo opresivo, fantasmagórico, donde el engaño se convierte en amor y el amor en obsesión, donde los límites de lo real y lo onírico se confunden, así como los del tiempo  El análisis tan imprescindible siempre se queda corto e incompleto ya que su complejidad es enorme. "Vértigo" siempre consta para crítica y público como una de las mejores películas del siglo XX…Es una obra de arte. Vértigo es lo mejor en la trayectoria del maestro del suspense por antonomasia. En ella vemos una combinación de todos los aspectos que habían llevado a Hitchcock al Olimpo del cine. Críticas, por otra parte, que en un primer momento no se vió con buenos ojos, el periódico Time, dijo que se trataba de un thriller convencional más, al igual que la mayoría de las obras de Hitchcock, pero fue con el paso del tiempo con el que la película consiguió abrirse un hueco merecido dentro de la filmografía del director británico. De hecho, recientemente, en el 2015, fue escogida como la mejor película de toda la historia por una gran selección de críticos. Iconográficamente supuso un gran paso para la carrera del director. Ciertamente es un film en gran medida comercial, dirigida a los grandes públicos. Igualmente es cierto que se trata de una película con múltiples lecturas, algunas de estas mucho más subrepticias que en otras ocasiones, aparte de revelar interesantes análisis sobre teorías psicológicas en las que Hitchcock estaba interesado: el surrealismo, obsesiones sexuales y Freud en general, y para una pequeña muestra la película “Recuerda”. Nuestro protagonista, tiene diversas desviaciones psíquicas, una de ellas y la más evidente es la acrofobia. Pero no es este el eje principal de la película, sino una fobia con la que juega Hitchcock para poder evolucionar el guión de la película. La obsesión que sí resulta más interesante es la que observamos en la segunda mitad, cuando Scottie se vuelve a encontrar con la misma persona que creía muerta... Es interesante porque se nos muestra el carácter obsesivo que tiene Scottie con la mujer de la cual se enamoró y que aún no ha podido olvidar. Durante toda la segunda parte de la película se empeña en convertir a Judy en Madeleine. De hecho no la llega a querer hasta que Judy no ha vuelto a ser Madeleine en todos sus aspectos, incluido el peinado. Según el propio Hitchcock, Scottie roza la necrofilia, pues quiere amar a una mujer que teóricamente está muerta, ya que el protagonista, a diferencia del espectador, no sabe que se trata de la misma persona.

 

Está siempre presente en VÉRTIGO, la narración engañosa y perspicaz que genera la falsa sensación de tener todo comprendido e indudablemente, pero apenas nos imaginamos los conceptos que hay de fondo. Estos mismos giran alrededor del romance, la intriga, la fatídica muerte, la decepción, el engaño, la presentación de una imagen de la realidad distorsionada y el infaltable crimen. En mi caso particular me ubicaría en un término medio entre estas dos posturas, por encontrarla atractiva la primera hora del filme desde la propuesta en sí, intrigante sería la palabra adecuada como para definir el comienzo y gran parte del desarrollo del filme, no obstante estoy convencido que luego la magia y el misterio aumenta. Hitchcock transforma su filme en una obra de culto total. Hay que reconocer a la cinta su enigmática presentación que al menos nos mantiene atentos sobre los posibles desenlaces que se pueden dar. Desde este aspecto los detalles están mas que cuidados, tanto la narración trabajada por el director donde cada aspecto está muy bien pensado y adquiere vital sentido, algunos toques visuales sorprendentes para la época de realización, la compleja trama que va cargándose de emotividad, pero que en ningún momento se torna aburrida, la excepcional actuación de James Stewart quien logra un papel sumamente convincente que le valió ganar la Concha de Oro en el "Festival de cine de San Sebastián de 1958 al "mejor actor".
Haciendo investigaciones he tomado datos relevantes acerca que mucho de lo que se narra en este filme viene de la mano de la propia vida del director, de sus pensamientos y sentimientos más caros. Y como vemos, dentro del filme hay una temática primordial que es la fijación ya a extremos obsesivos sobre el amor hacia una mujer, combinada con lo morbosidad que aporta la idea de la muerte siempre vigente en las obras del director. Otros estudiosos del tema admiten que este filme es un de relato autobiográfico del director por su frustrado amor con Grace Kelly. Por ello podríamos considerar como que esta obra es una alternativa que Hitchcock utilizó para canalizar la angustia de no ser correspondido en sus sentimientos. Dicho esto, tengo que repetir nuevamente que Vértigo es una autentica obra maestra. Pues además de su maquina de suspense habitual tenemos aquí el plus que supone una historia de amor romántico con toques decididamente oníricos además de morbosos; una historia que el aventajado discípulo Brian De Palma intentó recrear bastantes años después en "Fascinación".



Es una de las mejores películas de la historia que ha hecho escuela, que ha influido en muchas obras del cine moderno. Me faltan palabras para hablar sobre esta película, porque "Vértigo" es inmortal...Creo que, siendo un ser humano, no soy diferente a aquellos para los que la palabra, sea hablada o escrita, pueda ejercer tanta importancia o su significado puede tener tal envergadura, que les es casi imposible expresarse coherentemente. Debido a ese hecho paradójicamente tan magnifico como infortunado, mis procesos mentales y hasta mi facultad como cinéfilo pueden a veces llegar a truncar mis esfuerzos por comunicar las cosas mas grandes, como el haber visto, escuchado y sentido por primera vez VÉRTIGO. Y que conste que no es romanticismo es lo que trasmite cada fotograma, cada diálogo... El engranaje funciona individual o conjuntamente, de forma tan perfecta que desde los cimientos, hasta el final, es posible percibir la genialidad de su director y de su inmaculada manera de hacer cine. Alfred Hitchcock, del que puedo pero no deseo ser imparcial, porque se trata del mejor y más influyente cineasta que alguna vez deleito críticas y espectadores por igual, con su impecable narrativa, Hitchcock fue un catedrático del cine. En VÉRTIGO el sentimiento mas viejo del mundo de Ferguson no podía ir en otra dirección que hacia Madeleine Elster, una irresistible diosa de carne y hueso, reencarnada en una actriz llamada Kim Novak, quien más que deslumbrar, incendia la pantalla con su inconmensurable belleza y fragilidad. Una fantasía masculina casi inalcanzable.

 

 

Para mi todo el resultado de tan fascinante guión no fue una mera traslación de la novela original, la película bebió también de fuentes como el mito griego de "Orfeo y Euridice", el cuento de E.T.A. Hoffmann, "El hombre de arena’, y la opera de Richard Wagner "Tristan e Isolda". Esta última con influencia más que evidente por la partitura de uno de los fieles colaboradores del director, el compositor Bernard Herrmann, quien lleva cada imagen elaborada por Hitchcock, junto con su habitual fotógrafo Robert Burkes, a extremos de euforia y tristeza inescrutable. Todo lo que he escrito sobre el film anteriormente he de confesar que sirve de poco, para traducir los intensos e hiperbólicos sentimientos que me invaden cada vez que tengo la oportunidad de visionar la película, su testamento es vital, su melancolía, la pesadilla, la necrofilia y la obsesión amorosa, que va más allá de la vida y la muerte. Son ni mas ni menos estos síntomas que me hacen sospechar que al amar el cine podría sufrir del síndrome de Stendhal, aquella enfermedad psicosomática que afecta al ser humano que se expone a una sobredosis de belleza artística, que causa admiración, placer y por si fuera poco...VÉRTIGO.

 

!! QUE GRANDE ES EL CINE MAESTRO.....QUE GRANDE !!